Los que mediante una
reforma constitucional pretenden darle la estocada de muerte a nuestra Nación,
dan una serie de razones para hacerla, que si las analizamos, vemos que carecen
de toda lógica.
Los que te hablan de que
hay que resolver el “problema territorial”, obvian que este país no tiene ningún
problema territorial, que tiene simplemente un problema secesionista. Y esos
mismos te dicen que es una locura aplicar el necesario Art. 155, artículo de
nuestra Constitución que contempla la intervención política y administrativa de
una comunidad cuyos dirigentes institucionales se declaran en rebeldía.
Y los mismos, intentan
colar la reforma mediante la famosa frase “hay que buscar un nuevo encaje para
Cataluña”, y ahí se descubren, todo lo demás ha sido paja, la verdadera
finalidad de esa reforma constitucional que pretenden es el dar satisfacción al
nacionalismo catalán, ¿y sabéis eso lo que significaría? Simplemente premiar la
deslealtad y las afrentas, a la ley y a la libertad. El nacionalismo catalán
tiene “reivindicatitis” crónica e incurable, una enfermedad totalmente
incompatible con la satisfacción por algo que le ofrezcan o le den. Los
sediciosos estos, no buscan ningún encaje en la Constitución española,
simplemente buscan salirse de esta, realidad y destino común, llamado España,
patria común de todos los españoles.
No se nos puede pedir que
se sigan haciendo más gestos en favor de la lengua e identidad catalana, pues
al nacionalismo catalán se le ha permitido durante más de tres décadas aplicar
el totalitarismo hegemónico, en lo político, mediático y cultural, vulnerando
los derechos y las libertades de la mayoría de los ciudadanos de su comunidad,
abandonados totalmente por el Estado.
Y cuando te hablan de
cambiar el “injusto” modelo de financiación, echemos a temblar, le deben 40.000
millones al FLA, es decir, a todos nosotros, siguen gestionando mal y
financiando su loco proceso independentista, y encima son insolidarios con las
CCAA más pobres.
Resumiendo, ni una sola
razón justifica reformar la Constitución para contentar a quienes jamás se
sentirán satisfechos. La solución es clara, Art. 155 y suprimir la autonomía
durante 40 años, los años necesarios para desintoxicar a la sociedad catalana
del veneno independentista inoculado a base de afrentas imaginarias, y de invenciones
y tergiversaciones de la Historia.
