Pese
a la dureza y crueldad con la que nuestros dirigentes nos tratan,
podemos decir que nuestro país está resistiendo bastante bien la
crisis. Pese a todo, la paz social se mantiene en buenos niveles. Soy
de los que piensa, que nadie puede ser ajeno al sufrimiento ajeno, y
mucho menos a los que como consecuencia de su cargo deben velar por
nuestro bienestar.
Nuestra
paz social no reside en la eficacia de los sindicatos y su buen
juicio, ni tan siquiera en como los partidos de la oposición
canalizan la indignación ciudadana ante el saqueo permanente al que
tienen sometidas las arcas públicas, un saqueo que arrasa nuestra
economía. Lo que sucede es que partidos y sindicatos se han unido a
ese saqueo en detrimento de la ciudadanía española.
Esa
paz social se ha conseguido tras desarticular la sociedad civil y
sustituirla por partidos políticos y sindicatos subvencionados, lo
que provoca que muchos ciudadanos no vean salidas y alternativas a la
situación en la que nos encontramos.
Consecuencia
de todo esto han sido los mas de tres mil suicidios provocados por la
crisis, un centenar de ellos por los desahucios.
La
insensibilidad de los políticos hacia la pobreza y el paro, es un
motivo por el que debemos avergonzarnos, ya que los poderes públicos
deben comprender y valorar la gravedad de la catástrofe que
significa para quienes la sufren.
Es
significativo el esfuerzo que realizan las administraciones públicas
para evitar que los medios den información sobre, la que hoy en día
es la primera causa de muerte violenta en España, la escusa es que
la publicación de dicha información puede provocar un sentimiento
de imitación, algo que lleva al silencio y a la censura en unos
momentos en que es fundamental conocer cual es el impacto verdadero
de la crisis económica en nuestra sociedad.