Hasta
el Tribunal Supremo ha tenido que pronunciarse. Los indultos
concedidos por el Gobierno están empezando a indignar a la
ciudadanía. El alto tribunal le ha pedido al Gobierno que razone y
justifique los indultos concedidos, algo lógico.
Un
Gobierno no puede abusar de esa prerrogativa, un Gobierno no puede,
solo en su primer año, indultar a medio millar de delincuentes, la
ley del indulto no puede acabar convirtiéndose en un coladero para
hacer favores que siempre benefician a personas muy bien
relacionadas.
La
ley lo deja muy claro, para conceder un indulto han de concurrir
razones de justicia, equidad o utilidad pública. Por el contrario,
este Gobierno, y también los anteriores, han actuado en lo referente
a los indultos que concedían sin la mas mínima transparencia, y por
supuesto, si razonar los motivos por los que los han concedido.
Este
Gobierno, no puede indultar a unos policías autonómicos catalanes
condenados por torturas; ni a un conductor kamikaze que causó la
muerte a un joven, por mucho que le defienda un abogado del bufete
del hijo del ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón; ni a seis
condenados por estafar a familias que compran una vivienda; ni
tampoco a políticos nacionalistas catalanes corruptos; ni por
supuesto, a los dos militares acusados de falsear la identidad de
treinta fallecidos en el Yak 42; ni a bastantes ediles condenados en
operaciones urbanísticas fraudulentas; ni por supuesto a terroristas. Rajoy ha utilizado el
indulto de manera arbitraria y se le debería pedir responsabilidades
por ello.
Hoy
he conocido por la prensa, que una madre presa de la desesperación, ha comprado pañales y
comida por valor de cerca de 200 euros con una tarjeta ajena, se le
ha negado el indulto e irá a prisión, con los desfavorecidos los
gobernantes no tienen piedad.
O
el indulto se aplica con exquisito cuidado, o se convierte en lo que
es mayoritariamente en España, un instrumento del poder político al
servicio de los poderosos.
Como
vemos, no les basta con tener arrodillada a la Justicia, también,
cuando no les gusta una sentencia, se limitan a saltársela e
indultar al sinvergüenza de turno.