Durante el proceso
electoral norteamericano se produjo a nivel interno y externo la mayor campaña
global que jamás se re ha realizado contra un candidato a presidir un país, en
este caso, el país más poderoso del planeta. Incluso, una vez proclamado
ganador y tomado posesión del cargo, dicha campaña no cesa.
Ya es hora, de que los
ciudadanos del mundo reflexionemos y entendamos porqué está sucediendo esto.
Desde siempre, los
candidatos norteamericanos recibían donaciones para poder llevar a efecto su
campaña, primero para ser los nominados de su partido y luego para aspirar a
conseguir ser el inquilino de la Casa Blanca. Una vez conseguida la
presidencia, el presidente les devolvía con creces lo recibido legislando a
favor de las grandes corporaciones y empresas, y por lo tanto, no haciéndolo en
muchas ocasiones con la vista puesta en el interés general del pueblo
norteamericano.
Con Donald Trump, esto ha
sido diferente, pues con su propio dinero se ha costeado gran parte de su
campaña, y encima, su gobierno es de empresarios no políticos, es decir, con él
el poder financiero internacional ya no dispone de un presidente títere, como
lo fue Obama y muchos de sus antecesores, de las grandes corporaciones.
Independientemente de que
Trump pueda haber sacado menos votos totales que Clinton, según la Ley
Electoral de EEUU, él ha ganado, y con esa misma ley muchos fueron, elegidos y
nunca cuestionados. Calificar a Donald Trump como presidente ilegítimo es hacer
una enmienda a la totalidad a la democracia, es cuestionarla cuando no gana el
que a ti te gusta.
No defiendo a Trump,
defiendo la legalidad y el sistema democrático norteamericano. No voy yo a ser
quien discuta sobre las carencias y defectos del nuevo presidente, que es
seguro que las tiene, pero si como dice, toma sus decisiones pensando siempre
en el pueblo norteamericano, seguro que al final se tendrá que reconocer su
gestión.
Las manifestaciones “inducidas”
que se produjeron ayer contra Trump, muchas de ellas con enmascarados martillo
en mano que se dedicaban a romper escaparates,
lo único que demuestran es que parte del pueblo norteamericano no es tan
maduro democráticamente como se pensaba, pues cuestionan al sistema, la
democracia que ha hecho grande a su país.
