El
“Debate sobre el estado de la Nación”, se está desarrollando
tal y como se esperaba, con la corrupción como gran protagonista,
aunque Rajoy no haya hablado de ella en su discurso.
Mariano
Rajoy, nuestro presidente del Gobierno, se ha atrevido a decir
“España es un país limpio. Sus instituciones están sanas”, es
de suponer que esa frase la dice de cara al exterior, pues aquí
pocos le van a creer cuando se constata a diario lo corrompido que
está nuestro sistema político.
Rubalcaba
a lo suyo, tras dibujar un panorama desolador de España y acordarse
de Bárcenas, ha vuelto a pedir la dimisión de Rajoy, este le ha
recordado que desde dentro del PSOE se la están pidiendo a el.
Duran,
el portavoz de CiU, aquel que de Hombre de Estado pasó a ser
independentista furibundo y posteriormente tuvo que recular, dijo una
frase para la historia para justificar la inmersión lingüística y
el no acatamiento de las sentencias judiciales en materia
lingüística, “solo una docena de familias quieren estudiar en
castellano”; Duran no solo miente al decir esto, sino que parece
desconocer que con que una administración vulnere los derechos y las
libertades individuales de un solo ciudadano sería gravisimo, en
este caso son miles, por mucho que lo niegue.
Todos
los portavoces parlamentarios de la oposición han arremetido con
dureza contra el discurso del presidente del Gobierno. Le han
dedicado adjetivos como: decepcionante, no está en condiciones de
dar lecciones a nadie, autocomplaciente, triunfalista, exculpatorio,
tremendamente defraudante, penoso y plagado de inevitabilidad.
Al
referirse Rajoy, al desafío catalán y a Artur Mas, dijo sacando
pecho, “La soberanía reside en los españoles. Esto es la ley”,
algo que sorprende a los ciudadanos, cuando en este asunto su
cobardía ha quedado patente, habiendo sido incapaz de utilizar los
instrumentos que tiene a su alcance para obligar a que la legalidad y
el Estado de Derecho vuelvan a imperar en Cataluña.
La
Sesión Parlamentaria sigue, veremos que de nuevo nos depara.