La
sentencia dictada por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea en
materia de desahucios, deja al descubierto las vergüenzas de los
sucesivos gobiernos populares y socialistas que hemos sufrido en
democracia, y va a suponer un cambio radical en como se van a
desarrollar, a partir de ahora, los procesos judiciales de
desahucios.
Los
casi 50.000 desahucios que están en marcha podrían quedar
paralizados gracias a esta sentencia, una sentencia que reconoce que
la ley hipotecaria española carece de un mecanismo que dé la
seguridad necesaria al hipotecado en cuanto a las posibles clausulas
abusivas que aplican las entidades bancarias.
La
Corte europea lo ha dejado muy claro, el sistema de ejecuciones de
hipotecas en España es contrario al derecho de la Unión e
incompatible con la directiva de clausulas abusivas, ya que no
protege a los consumidores al permitir la pérdida de la vivienda y
su consiguiente desalojo, antes de que el desahuciado pueda reclamar
daños y perjuicios a la entidad financiera.
Tras
esta sentencia, cualquier juez podrá paralizar un proceso de
desahucio de forma cautelar ante una denuncia de clausulas abusivas,
hasta ahora eso no podía suceder.
Lo
triste de todo esto, es que tanto el poder político, como el
judicial y el financiero, han sabido desde siempre de lo injusto que
era nuestro sistema en esta materia y no han hecho nada para
corregirlo, abocando con ello a muchas familias a la ruina y a la
desesperación.
La
ciudadanía debería movilizarse y exigir, que los cambios legales
que se realicen a partir de ahora para adaptar nuestra legislación a
esta sentencia, conlleve la revisión de todos los desahucios ya
realizados, y en su caso, aplicar con retroactividad esta sentencia
de los tribunales europeos.
Todos,
absolutamente todos, teníamos la certeza de que nuestra
legislación no respetaba los derechos y las garantías de los
ciudadanos afectados, pese a ello, el poder financiero ha sacado
grandes beneficios con el beneplácito del poder político, que
independientemente de su color, siempre ha estado, genuflexo y con
los pantalones bajados ante él.