El Partido Popular de Sevilla ha denunciado ante los medios de comunicación al presidente de la diputación provincial por negarle información sobre las contrataciones en la diputación y sus organismos, acusándole de abusos en beneficio del PSOE.
En Sevilla todos conocemos cuales son las prácticas del PSOE en nuestra diputación, lo que no tengo nada claro es si el PP tiene fuerza moral para denunciar estos hechos cuando, por ejemplo, en la diputación de Orense su partido ejerce las mismas prácticas que aquí denuncia.
Ahora está de moda hablar de la conveniencia de que existan estos organismos supra-municipales. Hoy en día las diputaciones sirven para garantizarle una serie de importantes servicios a los municipios más pequeños, servicios que por si solos serian incapaces de prestar a sus vecinos, y por otra parte, son un sitio donde se colocan a los amiguetes del partido que las gobierna, siendo el auténtico cementerio de políticos donde se les ofrece una jubilación dorada como pago a los servicios prestados al partido durante años.
Estoy convencido de que las diputaciones en sí, no son ni buenas ni malas, el problema viene con el uso que se hace de ellas.
Rubalcaba ahora se apunta a sustituirlas y que las mancomunidades se hagan cargo de los servicios que dan, acaso el candidato socialista desconoce que las mancomunidades también se han convertido en lugares donde se coloca a los amigos. Quizás Rubalcaba no diría esto si su partido siguiera controlando la mayoría de ellas, como ocurría no hace mucho tiempo.
Por su parte, el PP ahora las defiende con uñas y dientes, posiblemente pensará, ahora que voy a controlarlas yo me quieren quitar el chollo. Que mal pensado soy, verdad.
Ya lo dije en otro artículo, yo soy partidario, aunque reconozco que sería un cambio radical al que se opondría el aldeanismo que aún impera en muchos municipios, de que se estudiara cual es el número de habitantes mínimo que tendría que tener un núcleo de población para que fuera autosuficiente a la hora de prestar a sus vecinos los servicios públicos necesarios. Esto obligaría a hacer lo que se ha realizado en otros países europeos, que por cierto ha sido un rotundo éxito, unir núcleos de población.
Si se unen núcleos de población y, se respetan la cultura y las tradiciones de todos tras la unión, no deberían surgir problemas.
Esta solución sería la mejor y la más barata, el ahorro que supondría eliminar las diputaciones sería enorme, y por otra parte, reducir los municipios a un cuarto supondría reducir también el número de concejales de 50.000 a unos 10.000. Os imagináis, nos libraríamos de legiones de politiquillos profesionales que llevan ya demasiado tiempo viviendo a nuestra costa, y muchos de ellos, la mayoría de ellos, sin ganarse el sueldo que cobran de nuestros impuestos.