Lo que está ocurriendo con el
jugador de futbol ucraniano, Roman Zozulya, es otro ejemplo más de en lo que se
está convirtiendo nuestra sociedad.
El Real Betis cedió al jugador
al Rayo Vallecano, al llegar a las oficinas de la Ciudad Deportiva del Rayo, fue
recibido con insultos por parte de algunos aficionados, que también portaban
pancartas en su contra acusándole de tener ideología neonazi.
La tensión que se vivió a lo
largo de esa mañana con la incorporación de Zozulya derivó en la llegada de
varias furgonetas de policías antidisturbios, que intentaron desalojar de la
Ciudad Deportiva a algunos de esos aficionados que previamente mostraron su
descontento con el jugador.
Zozulya, desde su llegada a
Sevilla, siempre ha mostrado su apoyo al ejercito de su país e incluso en
algunas fotos aparece vestido de militar y empuñando un arma, que yo sepa, eso
no es ningún delito.
Los ultras del Rayo
Vallecano, casi todos de extrema izquierda, han conseguido que el jugador
quiera abandonar la entidad al sentirse agredido.
Creo que es la primera vez
que ocurre algo parecido en nuestro fútbol, que por tener una supuesta
ideología política, un jugador sea acosado, y los directivos se pongan
nerviosos.
La llamada “superioridad
moral de la izquierda” también quiere por lo visto, implantarse en los fichajes
del deporte. Se puede fichar a un comunista o a un separatista o a un proetarra, pero si alguien
se atreve a fichar a un supuesto ultraderechista, se le “escrachea” y se le
obliga a irse. Que democracia más peculiar tenemos.
La Liga de Fútbol Profesional,
la Federación y hasta el CSD, parece que quieren tomar medidas al respecto. Lo
deberían de hacer, pues lo ocurrido es un claro ejemplo de discriminación e
incitación al odio por supuestos motivos ideológicos. Igual que si se hace por
el color de la piel o por la religión.
