En los últimos meses,
estamos siendo testigos de hechos que corroboran que, debido al ambiente
político y social, la intolerancia se está abriendo paso en nuestra sociedad a
pasos agigantados.
Ayer mismo, Inma Sequí,
joven líder de Vox en Cuenca, recibió a primera hora de la mañana una paliza
junto al portal de su casa, su culpa, ser de derechas y aficionada a los toros.
En la madrugada del pasado
lunes, una pareja de jóvenes homosexuales fueron brutalmente agredidos en la puerta
de una caseta de la Feria de Almería.
Ayer, en el Paseo de la
Encina de Granada, un indigente recibió una fuerte paliza que le propinaron un
grupo de jóvenes. Algo que desgraciadamente se está convirtiendo en habitual,
agredir a los sin techo.
Nuestra sociedad se está
alejando cada vez más de los principios que deben regir cualquier sociedad
democrática y moderna.
Para mí, los grandes
responsables de lo que ocurre son los partidos políticos, pues a los que no
piensan como ellos, los consideran enemigos en vez de adversarios, y su
discurso inocula en sus seguidores el
odio hacia los otros.
La política española parece
seguir anclada en el siglo pasado, unos siguen llamando a los otros “fachas
hijos de puta”, y los otros a estos “rojos de mierda”, y esto sigue pasando
mientras cada vez más españoles ni somos rojos ni azules, ni entendemos la
política en clave de confrontación. Tanto en la derecha como en la izquierda
hay buenas y malas personas, y la mayoría, desde su forma de pensar y su visión
de la sociedad estoy seguro que quieren lo mejor para nosotros. Aclaro que en
esta reflexión no incluyo a los políticos, ya que ellos solo quieren lo mejor
para ellos y sus partidos.
Me sorprende mucho, que
tras agredir un grupo de hombres a Inma Sequí, ninguna feminista haya dicho ni
pío, pues para mí también estamos ante un claro ejemplo de violencia de género
pura y dura.
