La Historia se puede tergiversar, pero no cambiar, por ello, afirmar en estos tiempos que el Catalán es un dialecto derivado del Valenciano, puede levantar ampollas, pero es la única verdad por mucho que en 1970 manipularan el Diccionario de la Real Academia.

Aquella famosa pregunta que hizo en ABC, el 22 de abril de 1978, don Torcuato Luca de Tena: «No quisiera ofender a nadie, pero ¿se habla en Valencia el catalán o se habla el valenciano en Cataluña? El dilema se resuelve científicamente a favor de que «en Cataluña se habla el valenciano. La historia se podrá tergiversar, pero no cambiar».

No es casual que las tres áreas lingüísticas españolas, excepto el vasco, coincidan con los asentamientos de los tres primitivos pobladores: Celtas, Celtíberos e Íberos. A los Celtas les corresponde el área de la lengua Gallego-Portuguesa, con el Condado de Oporto en medio. A los Celtíberos la Andaluza-Castellana-Leonesa, y a los Íberos la Valenciano-Occitana, con Cataluña en medio. Por el Este, el Condado de Barcelona llama a esta lengua «Catalana», aunque por el Oeste, al Condado de Oporto no se le haya ocurrido bautizar a la Gallego-Portuguesa como «Oportunista».

Existe pues una lengua Valenciano-Occitana, y el Catalán es un dialecto de ella.

Las tres lenguas con substratos propios se producen en la rotura del latín tras el martillazo árabe a los visigodos, y su ímpetu los arrincona respectivamente en Galia, Cantábrica y Occitania (Glacis Francés entre Pirineos y Loira).

Con la reconquista bajarían vigorizadas al reencuentro mozárabe que las conservaba arcaizadas. No olvidemos que la «Covadonga» valenciana está en Poitiers y Tours, donde Carlos Martel inició la Reconquista del Levante Español.

La lengua se obtuvo y tiene cinco variantes: Lemosín, Auvernés, Gascón, Provenzal y Languedocciano. Fue el Provenzal el que entró en Cataluña (Gerona y Barcelona) o Marca Hispánica. El Lemosín, tras la batalla de Muret (1213), es traído a Valencia y Mallorca por los miles de intelectuales occitanos perseguidos por Francia (política) y la Iglesia (religión) durante y después de la Cruzada Albigense.

Pedro II de Aragón, padre de Jaime I, murió frente a Toulouse (Muret) defendiéndolos. A Don Jaime le cupo armonizar el deber moral y legal (Pacto de Millau) de proteger a estos exiliados, con la necesidad de culturizar el nuevo Reino de Valencia. Así lo asentó en él, creándoles las Universidades o Estudios Generales (Barcelona la obtendría 200 años más tarde, servida por intelectuales valencianos). Valencia abría su espacio paralelamente al cierre del Occitano. No en balde el Misterio de Elche está en «Lemosín» y Ausias significa Agustín en esta lengua.

Los soldados catalanes, mercenarios, una vez pagados, se volvieron a su despoblada Cataluña. Del total repoblado, un 5 por cien, sólo el 2 por cien fue catalán. ¿Qué podían aportar a Valencia tan exiguo continente y de tan baja cualidad? Nada.

Esta mezcla de Lemosín con el «Romanz» valenciano produjo inmediatamente verdaderas legiones de gramáticos, filólogos, poetas, literatos, filósofos, etc. enteramente en la lengua valenciana, creando el Siglo de Oro de la misma.

La potente Valencia introdujo su lengua en la Curia Romana en desleal competencia con el latín. Dante quiso escribir su Divina Comedia en la «Valenciana Lengua», que se introduce también en Cataluña, desprovencializando esta área y valencianizándola.

No obstante, en el siglo XX la burguesía catalana afrancesa su lengua distanciándola de la valenciana, y Prat de la Riba en 1906 encarga al ingeniero industrial Pompeyo Fabra la fabricación de la lengua catalana. En 1912 se publica la primera gramática catalana independiente de la valenciana, mezcla de arcaísmos, valencianismos, galicismos y palabras inventadas por Fabra. La pretensión de imponer esta jerga o esperanto catalán a valencianos y mallorquines para amalgamarlos en el aberrante ente de «Países Catalanes», responde a un chauvinista y práctico deseo catalán de dominar estas dos regiones que acaparan un tercio de la riqueza nacional. A tal fin, una nueva historia, una nueva literatura, han sido creadas para dar carta de naturaleza cultural al País Catalán, el Reino de Valencia y las Islas Baleares, es decir, la nueva nacionalidad catalana, que carece de ella. Por supuesto que valencianos y mallorquines se han opuesto rotundamente a este invento de absorción del imperialismo pancatalanista pese a que la izquierda valenciana y balear se vendió hace ya mucho al enemigo, al igual que el acomplejado Partido Popular.

A las generaciones que nos educaron de verdad, sabemos que la novela caballeresca escrita por el noble valenciano Joanot Martorell en 1460 titulada “Tirant lo Blanch” fue publicada en pleno Siglo de Oro valenciano (1490) es la prueba definitiva de la existencia de un valenciano que ya existía casi medio milenio antes de que los catalanes iniciaran su ofensiva para apropiarse de lo que jamás fue suyo como instrumento de una identidad prefabricada y opresora.

2 comentarios en «El catalán se creó artificialmente a principios del siglo XX»
  1. No se puede contentar a quienes nunca tendrán contento, de cada diez cabezas una piensa y nueve embisten. Creo que filosofos catalanes.

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