La Casa Real se ha equivocado. Ha reaccionado tarde y mal ante el escándalo protagonizado por el duque de Palma. No se puede limitar a decir que “no le parece un comportamiento ejemplar” las actividades empresariales de Iñaqui Urdangarin cuando estas están siendo investigadas por la justicia.
Como siempre, ha tenido que ser la prensa la que destape y filtre información sobre el asunto ante la falta de transparencia existente.
La Justicia será la encargada de decir si el duque de Palma ha cometido algún delito, pero independientemente de eso, lo que ha quedado claro es que este señor ha utilizado su posición y su pertenencia a la Casa Real para enriquecerse y eso es algo que no se puede permitir.
Ahora nos dicen desde la Casa Real que de momento y hasta que no se aclare todo, Urdangarin no volverá a participar en actos oficiales de la Familia Real, a los que hasta la fecha siempre acudía acompañando a su esposa, la Infanta Cristina, recordándonos que hay que respetar la presunción de inocencia. La Casa Real olvida que esa institución perdería todo el respeto de los ciudadanos si sus miembros, no solo cumplen escrupulosamente con la legalidad, sino que también tienen la obligación de actuar bajo el prisma de una ética mucho más estricta que la que se nos exige a cualquier ciudadano de a pié.
Tras escuchar las declaraciones del abogado del duque de Palma he comprobado como los “trincones” siempre recurren a la excusa fácil de echarle la culpa a los medios de comunicación. El que no ha tenido escrúpulos para enriquecerse utilizando la posición que le da su pertenencia a la Casa real, ahora dice sentirse «preocupado, apesadumbrado e indignado» ante las informaciones que le implican en actividades “turbias”.
Lo que si que está claro, esa que este asunto le está haciendo un daño, esperemos que no irreparable, a la Monarquía. Si la ciudadanía tiene asumido que la corrupción política es enorme en nuestro país y cada vez mas ciudadanos claman por la regeneración democrática de nuestro sistema, lo que no va a asumir la ciudadanía de ninguna de las maneras es que miembros de la Casa Real tengan comportamientos similares utilizando el trafico de influencias.
Yo que personalmente siempre me he manifestado en el sentido de, “Monarquía si, pero solo si cumple escrupulosamente con su cometido”, veo con muchísima preocupación este asunto. La indiferencia de la juventud hacia la institución monárquica puede tornarse en hostilidad al ver estos comportamientos y eso a medio plazo puede ser decisivo para su futuro.
Afortunadamente, el Príncipe de Asturias, parece un hombre honrado, decente y preparado, que siempre ha estado a la altura que se esperaba de él. Cuando asuma la Jefatura del Estado será quien decida, con su comportamiento, si nuestra Monarquía tiene fecha de caducidad, o si por el contrario, nadie la cuestiona.