Cuando solo han
transcurrido unos meses de la llegada de Pedro Sánchez a la secretaría general
del PSOE, estamos en condiciones de afirmar que las expectativas que levantó,
se han desinflado casi por completo. Susana Díaz, su principal valedora de
entonces, ya ha dejado muy claro, que ya no confía en él para que sea el
candidato a las elecciones generales.
Y es que alguien que
pretende consolidarse no puede actuar de la manera que ha elegido Pedro
Sánchez, apostar por las ocurrencias poco meditadas y muchas de ellas frívolas,
y por el protagonismo personal en los medios, le está pasando factura. Alguien
dijo hace mucho tiempo, que la indefinición es la peor manera de hacer
política.
Lo cierto es, que si se les
pregunta a los ciudadanos cuales son las propuestas políticas de Sánchez,
posiblemente no sabrán que contestar, en cambio, si les preguntan por las de
Pablo Iglesias, seguro que te dicen alguna, ese es el principal problema de
Sánchez.
Desde que fue elegido
secretario general en verano de 2014, Sánchez se mostró convencido de que tenía
que derrotar a Podemos, para que así, el PSOE pudiera seguir siendo el
referente de la izquierda y poder optar al Gobierno de España, por ello, todos
entendimos que descartaba cualquier acuerdo de futuro con ellos. Pero esa idea
puede cambiar, máxime conociendo los últimos sondeos (PP 132, Podemos 89 y PSOE
80), y también, porque el 52% de los
votantes del PSOE están a favor del acuerdo con los de Pablo Iglesias.
Todo parece indicar, que el
PSOE va a ser incapaz de recuperar el voto perdido, y que tras, las
municipales y autonómicas, se puede
producir un cataclismo en el PSOE, con la correspondiente caída de Pedro
Sánchez y la llegada triunfal de Susana Díaz.
Sea quien sea el líder
socialista de cara a las próximas generales, lo cierto es que se enfrentará a
un gran marrón, si el PSOE es superado por Podemos, darle el poder podría
significar ser definitivamente desbancado por ellos, y estigmatizado por el
poder político y económico europeo, y si por el contrario, decidiese pactar con
el PP y darles el poder, difícilmente sería aceptado por una importante parte
de sus votantes. Lo dicho, el PSOE puede verse en una encrucijada casi
imposible.
