El curriculum de Diego
Cañamero es de auténtica traca. Fue alcalde de la localidad sevillana de El
Coronil, donde dejó huella, pues de una manera desvergonzada benefició a sus
familiares con fondos públicos.
Y qué decir de sus andanzas
como portavoz del Sindicato Andaluz de Trabajadores, ocupaciones ilegales de
tierras, de hoteles u oficinas bancarias, incluido un asalto a un supermercado
de Mercadona para robar carros de comida empujando y aterrorizando a las
cajeras.
Con semejante experiencia
fue inmediatamente fichado por Podemos para sus listas electorales, siendo
elegido diputado por Jaén. Tras sus nueve primeros meses de legislatura, acaba
de ser apercibido y reprendido por su comportamiento, por Ana Pastor,
presidenta de la Cámara.
Su actividad como diputado es prácticamente nula, pues
únicamente ha presentado una pregunta oral al Gobierno, pregunta referente al
PER dirigida a Fátima Báñez. Esa misma pregunta la ha reiterado en otras dos
ocasiones para que se le respondiera por escrito. Y ahí termina el trabajo
realizado por él, y por el que cobra una pasta gansa todos los meses.
Eso sí, ha desplegado un
continuo show reivindicativo nunca destinado a intentar solucionar los
problemas de los ciudadanos, sino más bien, a exigir la libertad del matón de
Bódalo y a exhibir pancartas y camisetas rotuladas para así hacerse notar. Es
evidente, que nunca ha sido consciente de lo que es actualmente, y por
supuesto, de lo que representa la institución a la que pertenece.
Siendo de los que opinan,
que en el Parlamento hay un buen porcentaje de corruptos, y otro buen
porcentaje de los que conocen las andanzas de sus compañeros, miran para otro
lado y no los denuncian, considero que los Cañameros, los Rufianes, y la
variada fauna podemita y separatista, le hacen un flaco favor a la Cámara, ya
que al final solo se habla de las anécdotas, de los shows, de los insultos, y
casi nunca de aportar soluciones a las múltiples crisis que padecemos. Nuestro
parlamento se ha instalado en la tiranía de los radicales, de los maleducados,
de los irrespetuosos, por lo que sus sesiones plenarias parecen más, broncas de
taberna, que cualquier otra cosa.
