Que un personaje tan mediocre
como Mariano Rajoy, sea reelegido para su cuarto mandato con el 95% de los
votos en el Congreso del Partido Popular, nos da una idea de la situación que
atraviesa el que durante años ha sido la formación referente de la derecha
española.
cierra en falso los debates sociales más controvertidos al carecer de coraje
para posicionarse.
Mariano Rajoy ha conseguido
perpetuarse en la presidencia apoyado por su círculo de confianza y otros, que
aun siéndolo menos, acumulan cargos y tienen asegurado, un largo y desahogado
futuro como profesionales de la política, a la vez que se les permite a muchos
de ellos hacer “sus negocietes”, supongo que el ejemplo a seguir de todos ellos
es “el joven” Javier Arenas, principal promesa de su excelente cantera.
Pero lo cierto es, que desde
que José María Aznar tomó la decisión equivocada de nombrarle como sucesor
suyo, el PP empezó a dejar de ser ese instrumento positivo para la sociedad
española que había sido anteriormente. Rajoy, arrinconó y confinó en el olvido,
a los mejores, se desvió de las ideas y de las políticas tradicionales de su
partido, y traicionó sus principios y valores, esos por los que muchos de los
suyos hasta dieron su vida en el País Vasco. Rajoy ha sido un cúmulo de
decisiones erróneas y de inacciones cobardes.
Tras este Congreso se
constata lo que ya se sabía, se constata que es imposible cambiar las cosas
desde dentro, pues el partido, su estructura, sus militantes y su base social,
está secuestrada por una, inamovible y corrupta, cúpula dirigente, una cúpula
que ni da paso a las nuevas generaciones ni tiene el más mínimo interés en
representar las ideas de quienes les votan.
Al poco de llegar Rajoy a la
presidencia del Gobierno, ya se empezó a ver lo que daba de sí, suelta de
terroristas, excarcelación de abominables criminales, es decir, continuismo en
la política en relación al terrorismo heredada del gobierno de Zapatero, y el
trato indigno a las víctimas del terrorismo. Una actitud cobarde y “delictiva”
ante el desafío separatista cuyas consecuencias sufrimos hoy en día, pues un
Gobierno tiene la obligación de cumplir y hacer cumplir las leyes, cosa que
Rajoy no ha hecho.
Incluso a sabiendas de que el
Estado Autonómico es la causa de todos nuestros grandes males, se ha negado
siempre a reformarlo para que el Estado recobre las más importantes
competencias, para así, garantizar la igualdad de todos los españoles. Rajoy
abandonó la defensa de nuestra lengua común, tanto en la educación como en las
administraciones autonómicas, tomó decisiones en Cataluña y en el País Vasco que
hizo allí al PP un partido casi residual, por inacción hizo que se consolidara
la letal legislación ideológica de Zapatero, multiplicó la presión fiscal en
contra de los principios que en política económica siempre defendió su partido,
no combatió la corrupción interna, y siempre se pasó por sus partes nobles los
Estatutos de su partido.
Pues bien, que a un personaje
con esos antecedentes se le reelija con el 95% de los apoyos, es bochornoso, y
nos demuestra con claridad que en nuestro sistema “democrático” los partidos
políticos se han convertido en estructuras parásitas más atentas a la propia
supervivencia de sus cúpulas que a procurar el bien común, y ahí incluyo a los
cuatro grandes partidos parlamentarios, esos que denominan nacionales.
