Tengo
que reconocer, que me siento muy contrariado por la mayoría de las,
declaraciones y posicionamientos, de este Papa en relación a temas y
conflictos internacionales.
Ahora
ha sido el candidato opositor a la Presidencia de Venezuela y
gobernador de Miranda, Henrique Capriles, el que ha tenido que
rechazar lo afirmado por el Santo Padre en relación a que “la
oposición venezolana está dividida”. Incluso el Papa da la
impresión de que unos quieren dialogar y otros no, y parece
alinearse con el llamado “dialogo Zapatero”, un personaje
repudiado por todos aquellos que anhelan democracia, libertad y los
DDHH en su país, pues su único empeño ha sido el de lavarle la
cara al tirano.
El
Papa debería saber, que «después del autogolpe», como la
oposición considera a las sentencias parcialmente retiradas del
Tribunal Supremo de Justicia en las que asumía competencias del
Legislativo, «han sido asesinados más de 30 venezolanos,
cientos de heridos y se han perpetrado 1.400 detenciones
arbitrarias». Así como, que la fiscal venezolana, Luisa Ortega,
ya ha reconocido «la ruptura del orden constitucional» y
«la no existencia del debido proceso en la mayor parte» de
las detenciones.
El
Santo Padre, debería saber, que retomar el dialogo solo puede tener
como máximo objetivo la convocatoria de elecciones, que para ser
limpias deben estar controladas por observadores internacionales, y
el posterior abandono del poder de Maduro, algo que el dictador jamás
aceptara, pues sabe que las perdería por goleada.
Pero
Francisco, desde que es Papa, se ha equivocado ya en muchas
ocasiones. Tras el salvaje atentado islámico de la revista Charlie
Hebdo en Paris, declaró que si alguien insulta a tu madre, es lógico
que tú respondas con violencia, algo que a muchos les sonó muy mal,
como a justificación del brutal atentado. También, ahora en
Colombia, apoyó el falso “Proceso de Paz” promovido por el
presidente Santos, una iniciativa que rendía el país a los
narcoterroristas, afortunadamente los colombianos dijeron no.
Le
aconsejo al Vaticano, que se dote de asesores en política exterior
que aconsejen mejor al Papa, pues en lo que lleva de mandato, si
tenemos que calificarlo, creo que le pondría un “muy deficiente”.

Con este pontífice, parece que el Espíritu Santo, va muy lento. Espero que se asesore mejor y no saque conclusiones como estas.