Mientras que el feminismo institucional del Gobierno, compuesto por los socialistas y sus socios de coalición comunistas, han sacado hoy a sus huestes a combatir el «machismo» y reclamar mayores partidas presupuestarias o lenguaje no sexista, un grupo de mujeres que padece la auténtica tiranía machista, la del régimen iraní, se encuentra en nuestro país para revelar una realidad que la izquierda prefiere ignorar.
Mientras, las mujeres exiliadas de Irán festejan la eliminación del ayatolá Jamenei, despojándose del luto riguroso que impone la teocracia iraní. Estas mujeres no se manifiestan en España para exigir prerrogativas en una democracia consolidada, lo hacen para denunciar que, mientras aquí el debate gira en torno a la gramática de género, en su tierra de origen se paga con la vida el simple hecho de mostrar el cabello o bailar. Ellas renuncian a la etiqueta de “feminista” al tener claro que ese movimiento en España las ha abandonado, que nuestro canalla Gobierno ha comprado el relato de Teherán anteponiendo la ideología a la humanidad y desentendiéndose del calvario que viven.
Ellas han expuesto con crudeza en los medios españoles que no controla la izquierda, solo unos pocos, la crudeza de esa represión que ha provocado miles de víctimas en cuestión de días, ejecuciones por desobedecer el código de vestimenta y abusos sistemáticos. Mientras tanto, en las instituciones españolas impera el mutismo. No existen protestas ante la delegación diplomática de Irán ni iniciativas parlamentarias que censuren al régimen. Nuestro Gobierno, la izquierda, su feminismo oficial y quienes cobran de él, directamente o a través de sus chiringuitos, conforman una vomitiva mezcolanza que solo siguen las consignas del maléfico que okupa La Moncloa, ese que evita enfrentarse al fundamentalismo islámico porque no reporta rédito electoral ni subvenciones.
El feminismo de aquí solo es utilizado como arma política doméstica ignorando el sufrimiento que sufren las mujeres en otros países, lapidaciones y asesinatos, que suceden bajo regímenes atroces que el sicariato que componen los medios de izquierdas, intentan silenciar.
Las mujeres del movimiento feminista español priorizan la agenda partidista sobre la solidaridad universal. Al final, cuando las víctimas de una opresión real claman su apoyo, se encuentran con la indiferencia de quienes dicen representar a las mujeres.
En España, el feminismo está politizado y es absolutamente tóxico, está al mismo nivel de degradación que la lacra de ese machismo que dicen combatir.
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