Tengo que reconocer, que
como español, he sentido auténtica vergüenza al ver las imágenes de la toma de
posesión del nuevo presidente de Cataluña. Ver al ministro del Interior y a un
Teniente General riéndole las gracias a los golpistas y tomándose una copa con
ellos, a la vez que el nuevo presidente se negaba a jurar lealtad al Rey y a la
Constitución, me parece bochornoso. Arrimadas y García Albiol hicieron lo
correcto al no asistir.
Han pasado ya muchas horas desde
ese nuevo acto golpista, protagonizado por Carles Puigdemont, y a esta hora,
aún no ha sido impugnada su toma de posesión, no olvidemos que el Gobierno se
apresuró a publicar en el BOE su nombramiento rubricado con la firma de Rajoy y
el Rey.
Ayer mismo, sucedió algo
que también, desde mi punto de vista, dice muy poco de Mariano Rajoy y de los
actuales dirigentes del PP. Cuando dentro del PP se escucha un verdadero clamor
pidiendo la renovación interna, Rajoy propone para ocupar las sillas de la mesa
del parlamento a un buen elenco de auténticos “muertos vivientes”, desde Celia
Villalobos hasta Javier Arenas, pasando por Pío García Escudero y Alicia
Sánchez Camacho, ¿cuantos años más vamos a tener que seguir viendo las mismas
caras? ¿El PP no dispone de cantera, o qué?
Para culminar este martes
negro para los populares, Rajoy aceptó como presidente del Congreso a Patxi
López, ese personaje siniestro y sinuoso que fue Leendakari gracias al apoyo
del PP vasco al que siempre despreció, ese que se sentaba a negociar con
terroristas humillando a las víctimas,
ese que tuvo que oír a la madre de los Pagaza como le decía “las verdades del
barquero”.
Ayer se escenificó más que
nunca el proceso de degradación que está sufriendo un partido, el Partido
Popular, que ha pasado de tener todo el poder a no tener pronto casi ninguno
gracias al “inexistente” Mariano Rajoy.
