Ayer se inició, de forma
bastante pintoresca, nuestra undécima legislatura. Si en legislaturas
anteriores, muchos no nos sentíamos representados por los corruptos trajeados
de buenos modales, yo tampoco me siento representado por la mezcla de los
anteriores con la “fauna” podemita y sus afines.
Ayer juraron sus cargos
diputados, que por su aspecto, te lo encuentras en un callejón oscuro, y sales
corriendo; ayer hubo diputados que dispusieron de su minuto de gloria del
juramento para soltar una retaila de palabras que demuestran la incultura de
quienes han sido víctimas de una educación de baja calidad y doctrinaria. Ayer
vimos las lágrimas de Iglesias al abrazarse con el protegido de Montoro,
Monedero, ayer vimos llegar a los diputados de Compromis acompañados por una
banda de música, y sobre todo vimos el show impresentable que montó Carolina
Bescansa.
Los mismos que impidieron
que en la Cabalgata de Reyes Magos de Madrid participaran animales por el stress
que les suponía, utilizaron ayer en el Congreso a un bebé de seis meses como
mero objeto propagandístico. Pese a que el Congreso dispone de una guardería de
lujo, y Carolina Bescansa es acompañada por una señora encargada de cuidar a su
bebé, la podemita utilizó a su bebé dentro de la estrategia comunicativa de su
partido para buscar votos, y de paso, banalizar la actividad política. Cuando
le pasó la criatura a Pablo Iglesias,
simplemente buscaba la foto del día, buscaban portadas, algo reprobable.
Lo que ayer protagonizó
Carolina Bescansa, es un claro episodio de maltrato infantil, y el Defensor del
Menor, que no lo va a hacer, debería actuar. Además, supone un agravio
comparativo, pues la gran mayoría de las mujeres trabajadoras no pueden ni
podrán llevar nunca a su bebé al trabajo. No olvidemos que Bescansa pertenece a
una familia rica de Santiago de Compostela, a los 18 años ya se paseaba en un descapotable.
