Sánchez acaba de poner la guinda a su show particular anunciándonos que seguirá como presidente, haciéndolo con un tono victimista, pero lanzando a su vez un claro órdago contra nuestra democracia.
Sánchez ha dicho cosas muy graves. Ha dividido nuestra sociedad en dos bandos, los que están con él y los que están contra él. Nos ha dicho la falsedad de que, con él, nuestra sociedad y nuestra Economía han alcanzado sus más altas cotas, que su mandato es la claridad y que lo de antes era la oscuridad, alucinante para decirlo quien preside una sociedad cada vez más degradada en todos los ámbitos.
Ha dejado claro que, para él, denunciar a alguien de su familia en un juzgado es una práctica no democrática y que, si lo hacen los medios, en vez de hacer uso de su libertad de expresión, difaman. Parece que no tiene ningún interés en demostrar que los miembros de su familia bajo sospecha sean inocentes. Va de líder supremo a la norcoreana, parece que, para él, su familia debería ser intocable pese a haber indicios sobrados de que han cometido delitos graves como, tráfico de influencias y corrupción, su esposa, y delitos fiscales su hermano.
Sánchez insiste en la teoría de la conspiración, nos suelta su monólogo y como era de prever no cita a los profesionales de los distintos medios de comunicación para así evitar que le pudiesen hacer incómodas preguntas. Este psicópata tiene una peculiar idea de cómo se funciona en democracia.
Sánchez también ha dicho que seguirá con «más fuerza», afirmación que suena a amenaza y que solo significa que redoblará sus ataques a la independencia judicial, a debilitar el Estado de Derecho y a vulnerar la Constitución.
Lo de Sánchez ya no son simples tics autoritarios, nuestro infame presidente ya nos habla directamente de un «movimiento reaccionario mundial» que conspira contra él y le causa sus problemas, cuando es él mismo el que los provoca con su maldad manifiesta en la toma de decisiones.
Pretender demonizar a todo el que se oponga a sus abusos de poder, oposición política, medios de comunicación no de izquierdas o jueces independientes, es parecerse demasiado a Vladimir Putin. Sánchez es una maldición que se ha ganado a pulso una parte del pueblo español que no sabe votar o votando con las vísceras en vez de con la cabeza. Parece que tenemos canalla para rato.
Es inconcebible que nos siga engañando
Mucha gente se ha creído el bulo de su dimisión