La pasada semana, se
celebró en Toledo la ceremonia de entrega de la última edición de los premios
internacionales Rey Abdullah Bin Abdulaziz de Traducción.
Diecisiete personas fueron
las galardonadas, dieciséis hombres y una mujer, quien salió ataviada con un
burka para recoger el premio, como manda la sharia, algo que ha provocado un
auténtico escándalo y la ausencia de muchos invitados.
El príncipe Abdulaziz Bin
Abdullah Bin Abdulaziz, es miembro de la familia real de Arabia Saudí, país en
el que se practica el wahabismo, o el salafismo, como ellos prefieren
denominarlo. Es la rama del islam que también practica el autodenominado Estado
Islámico.
Se la pudo ver con un burka
de los pies a la cabeza, de color negro, que solo dejaba ver sus ojos; ocultos
más si cabe por una gafa de pasta. Parecía una auténtica sombra encarcelada en
un ataúd de tejido. Sus manos, sin cubrir, tuvieron mucho cuidado a la hora de
recoger el galardón con el que se reconoció su trabajo. No podía entrar en
contacto con el hombre que se lo entregaba, su religión se lo prohibía.
Asistió
incomprensiblemente, el presidente de Castilla-La Mancha, el socialista
Emiliano García-Page, quien fue respetuoso con un monumental acto de
denigración de la mujer.
La gran mayoría de
españoles no entienden cómo se puede ser respetuoso con un burka y todo lo que
hay detrás, y me refiero a la ablación, la lapidación, la poligamia, el
ajusticiamiento por blasfemia, infidelidad u homosexualidad.
Mientras que la alcaldesa
de Toledo no asistió, el socialista García-Page, le hizo con su asistencia, un
flaco favor a la causa de todos aquellos que luchamos por la igualdad entre
hombres y mujeres. Por cierto, las muchas feministas que apoyan al PSOE no «han dicho ni pío».
