Mucho
se está hablando estos días de la intención de Isidro Fainé,
presidente de La Caixa, de someter a la asamblea de la entidad del
próximo día 22 unos nuevos estatutos, que de ser aprobados, como se
espera, abrirían una importante vía de agua en esa nave espectral
que pilotan Mas y Junqueras hacia su ilusoria independencia.
Tras
110 años de historia, la entidad financiera catalana deja de ser
caja de ahorros para convertirse en fundación bancaria, y se define
mas que nunca como una entidad financiera de “todo el territorio
del Estado”, algo lógico, pues es la tercera entidad financiera
española.
Es
lógico que los nuevos estatutos se hagan eco de la realidad de la
envergadura de esa entidad y del peso que ha alcanzado a nivel
nacional, todo como es lógico, sin perder su origen catalán ni el
tradicional compromiso con los mas desfavorecidos de la comunidad
catalana mediante su Obra Social.
No
podemos olvidar, que La Caixa es líder del mercado bancario español
en todos los segmentos minoristas y cuenta con casi 14 millones de
clientes en toda España, además de dar empleo a 33.000 personas.
Tampoco
debemos olvidarnos que es accionista clave en las principales
operadoras energéticas del Estado, Gas Natural y Repsol,
telecomunicaciones con Telefónica, e infraestructuras con Abertis.
Debido
a su formidable expansión por todo el territorio nacional, La Caixa
se ha visto obligada a dar este paso por vía estatuaria, pues la
realidad manda. Era imposible pensar que esta entidad iba a quedarse
a verlas venir, da pasos por simple interés empresarial pero con un
trasfondo político muy fuerte, la Generalitat seguro que ha recibido
el mensaje.
