Íñigo Errejón, portavoz de Sumar en el Congreso, ha anunciado su dimisión del cargo, la renuncia a su escaño y su decisión de abandonar la política institucional, pero no porque el quiera, lo ha hecho porque no tenía más remedio al hacerse públicas denuncias contra él de mujeres que lo califican de “maltratador psicológico, un auténtico psicópata, un monstruo”.
Estamos ante uno de los mayores hipócritas de la política española. No olvidemos que este personaje era el que denunciaba los privilegios de la casta mientras él cobraba por no acudir a su puesto de trabajo en la Universidad de Málaga o que decía que en Venezuela se vivía bien «porque se comía 3 veces al día» cuando la realidad es que a él lo financiaba Maduro.
Ahora tenemos que soportar a toda la izquierda feminista peleándose por intentar ponerse al frente de la pancarta morada cuando hoy sabemos que han estado calladas mientras que uno de sus líderes maltrataba y acosaba a mujeres de forma repugnante.
Ni una sola progresista en España ha sido capaz de denunciar lo que sucedía cerca de sus escaños, en las redacciones ni en los despachos de al lado sólo porque el acosador era de izquierdas.
Es insoportable ver a Pedro Sánchez y altos cargos socialistas salir corriendo a condenar este caso, cuando Ábalos, su mano derecha y cómplice de corruptelas veraneaba pared con pared con un club de alterne y financiaba con dinero público sus vicios y desmanes. Lo mismo pasa con las ex ministras de Podemos que con sus leyes feministas han soltado a violadores y beneficiado a delincuentes sexuales.
La izquierda feminista es una estafa llena de hipocresía. Son los peores enemigos de las mujeres, de los hombres, de las familias, de los trabajadores y de los españoles. Sólo les interesa mantenerse en el poder, aunque sea a base de la mentira, la hipocresía, de empobrecernos, de dividirnos y de enfrentarnos.
Nos dejamos engañar por gente que ya se sabía de antemano que no eran de fíar