Con la situación creada, es
muy improbable que Puigdemont dé marcha atrás, pues si eso sucediera, la CUP
dejaría caer a su gobierno y no tendría más remedio que convocar elecciones
autonómicas, unas elecciones que significarían la casi desaparición de la
antigua CDC y la muerte política de él mismo.
Puigdemont se encuentra en
ese callejón sin salida del que fue advertido, y ya no tienen ninguna otra
opción que no sea la de seguir adelante. Entre desaparecer sin pena ni gloria
de la política o convertirse en el mártir de su imaginaria república catalana,
posiblemente opte por lo segundo.
Puigdemont y todos los que
le apoyan, como separatistas que son, hacen lo que deben, el problema es, que
en el otro lado hay un presidente del Gobierno de España que no hace lo que
debería hacer.
Pese a que día a día, los
ciudadanos que residen en Cataluña empiezan a vislumbrar la catástrofe, que en
todos los ámbitos, devastaría su región, los independentistas “erre que erre”
prosiguen en su locura.
El problema es que,
queramos o no, la que lo decide todo es la CUP. Esta organización política,
ayer nos alucinó anunciando un corralito bancario a los pocos días de proclamar
la independencia, estos impresentables no solo hacen que las empresas se vayan,
es que además, todo ciudadano que tenga unos ahorrillos “va a salir por patas”
y como muy cerca los va a poner a buen recaudo en alguna localidad aragonesa.
Cataluña se queda sin cash.
La manifestación del
domingo, derribó el muro que ocultaba las mentiras de los separatistas, ahora
todos los catalanes saben, la ruina que se les vendría encima.
Teniendo en cuenta, que la
Generalidad tiene hasta ejército propio, comandado por Trapero, el Gobierno de
España debería ponerse las pilas, tomar decisiones drásticas y contundentes, y
en pocas horas, intervenir Cataluña, detener al medio centenar de cabecillas,
desarmar a los Mozos e imponer el Estado de Excepción. Aunque conociendo a
Rajoy, lo mismo, le estoy pidiendo demasiado.
