Todos hemos tenido acceso a informaciones que nos hablaban de esa lucrativa “industria” que se había creado en torno a esos cien mil abortos anuales que se perpetran en España año tras año. Ahora, voy a hablaros de algo que se parece mucho y que mueve ingentes cantidades de dinero, me estoy refiriendo a las eutanasias que se les practican a donantes de órganos.
No voy a poner en duda ahora que la donación de órganos es algo positivo y que, gracias a la generosidad de unos pocos, muchos salen beneficiados. Actualmente, somos uno de los países que se encuentran a la cabeza mundial en donación de órganos, algo de lo que deberíamos estar todos los españoles muy orgullosos.
Los problemas empiezan, cuando aquellos sanitarios que animan a un paciente a continuar con su proceso de eutanasia, cobran miles de euros tras su muerte a costa de la realización de mientras, más trasplantes mejor, más negocio para ellos.
Hace pocos meses salió a la luz un documento que especificaba los sobresueldos que estarían recibiendo en Andalucía los profesionales involucrados en un trasplante de órganos. Evidentemente, los sanitarios, como cualquier otro profesional, merecen una retribución por su trabajo, pero en este caso es evidente que existe un claro conflicto de intereses, pues es muy preocupante que dependa de la muerte de una persona la obtención de un gran beneficio de quien se supone que trabaja para conseguir que prolonguemos nuestra vida lo máximo posible. Además, la propia Ley de Eutanasia, en su artículo 14, prohíbe explícitamente este conflicto de intereses.
Al final, un gesto “supuestamente altruista” por parte de un paciente, se convierte en un lucrativo negocio para los demás agentes involucrados en el proceso, el hospital que lo detecta, el que lo extrae y el que lo trasplanta.
Este es el precio por órgano, sumando las cantidades que reciben médicos, enfermeros y otros profesionales sanitarios. Corazón 11.700 euros; riñón 9.100 euros; tejido óseo osteotendinoso 12.000 euros; páncreas 11.100 euros; hígado 13.000; bipulmonar 17.500; unipulmonar 13.100 euros; y córnea, casi 1.000 euros.
A estas cantidades habría que sumar una cantidad fija de 3.382 euros que percibe el hospital por donante y un suplemento e indemnización en caso de traslado.
Entiendo que es una vergüenza que jueguen con la desesperación de nuestros enfermos y les hagan sentir que la decisión de terminar con su vida es la mejor, al estar ayudando con ella a los receptores de sus órganos, cuando ofreciendo unos cuidados paliativos de calidad muchos renunciarían a acabar con su vida, pero claro está, como los que defienden la “Cultura de la Muerte” se están imponiendo, ocurren estas cosas, una realidad de la que nadie habla, el lucro de las muertes programadas.
Única solución, que a los órganos procedentes de eutanasias se les apliquen unas tarifas bastante más reducidas o simplemente que en ese caso actúen solo sanitarios enrolados en ONGs de altruismo reconocido.
Gracias por comentar este tema, ya que la ignorancia es supina