En su primera reunión tras la investidura, el presidente gallego, Alfonso Rueda (PP) aprobó ayudas públicas de 150 euros para adoptar a un perro y 125 en el caso de que sea un gato, para hacer frente a los primeros gastos veterinarios y de identificación que implica tener una mascota.
De esa manera, el PP se suma a ese falso progresismo que consiste en sustituir a niños por animales de compañía. El PP está en eso de dar ayudas públicas para abortar a los niños por nacer y a su vez, dar ayudas para que adoptar mascotas sea menos costoso. Desde mi punto de vista, algo aberrante e irracional.
Antes mirábamos por la ventana de nuestra casa y veíamos a niños jugando, ahora vemos a vecinos sacando a sus mascotas a hacer sus necesidades y dejando suciedad y malos olores. Evidentemente, hay una minoría de propietarios de mascotas con civismo que retiran lo defecado por ellas, pero ni ellos pueden evitar el mal olor que dejan sus orines.
Lo cierto es que ya hay municipios donde las mascotas, duplican y hasta triplican, a los niños. No olvidemos, que desde que se aprobó la criminal Ley del Aborto, a casi tres millones de niños se les ha asesinado antes de nacer, se les ha impedido acceder a una vida a la que tenían derecho. Siempre me he preguntado si todas esas madres podrán dormir bien por las noches tras lo que han perpetrado.
La sociedad española en particular y la occidental en general, son sociedades decadentes, aunque sus dirigentes las llaman “avanzadas” para engañarse a sí mismos y a sus ciudadanos, pues es evidente que una sociedad no puede ser avanzada si permite el exterminio de los más inocentes e indefensos, permitir ese tipo de atrocidades jamás puede ser considerada como un avance.
A los occidentales nos “comieron el coco” con el tema de la superpoblación y su solución fue el aborto, tuvo como resultado que occidente se suicide como civilización, ya que los inmigrantes tienen un enorme índice de natalidad y a medio plazo habrán consumado su invasión como simple sustitución pacífica. Hay demasiado traidor entre los dirigentes occidentales.
No tengo nada en contra de los animales, pero tengo muy claro que por muy nobles y cariñosos que sean, en lo afectivo, jamás podrán sustituir al amor de un hijo. Lo que sí que estoy es absolutamente en contra de la suicida deriva que llevan a cabo los dirigentes políticos de este primer mundo que con sus absurdas medidas están cavando la tumba de Occidente.