Tengo que reconocer, mi
perplejidad al ver el comportamiento que están teniendo, por una parte, la
Iglesia Católica, y por otra, el Partido Popular, en lo relacionado a la
exhumación de Francisco Franco.
La Iglesia Católica no ha
movido un solo dedo para evitar que los herederos de los perdedores de nuestra
Guerra Civil consumen su venganza contra Franco a los 44 de su muerte. Por lo
visto, a nuestra Conferencia Episcopal, le resbala que ese general fuera en el
pasado cercano el gobernante que más defendió a la Iglesia y a los católicos.
En cambio, con su silencio, ayudan a los herederos de esos criminales que asesinaron brutalmente, durante la II República y en la retaguardia, a 4.184
sacerdotes, 2.365 frailes y 283 monjas.
Pero mira por donde, un joven
Prior y también el Abad, le han plantado cara al Gobierno sectario que
padecemos. El Prior ha dejado muy claro, que hasta que no se resuelvan todas
las alegaciones y recursos, y se agote
el camino judicial que por supuesto no acaba en el Tribunal Supremo, y se
refiere al Tribunal Constitucional y al Tribunal de DDHH de Estrasburgo, no
autorizará la entrada para proceder a la exhumación, pues actuar sobre una
sepultura sacra sin la preceptiva autorización aclesiastica, es un atentado a
la Libertad Religiosa. Lo mismo, el truhan de La Moncloa se atreve a entrar
utilizando la violencia, este tío es capaz hasta de eso.
La decisión del Tribunal
Supremo es una auténtica abominación legal, pues reconocer la urgencia de la
exhumación tras 44 años, una auténtica tomadura de pelo, y lo más importante,
niega a la Familia Franco el derecho a enterrar a sus muertos donde estimen
oportuno, derecho que tenemos el resto de familias españolas.
El silencio del Partido
Popular en este asunto ha significado la mejor prueba del algodón, ellos, no
solo no se sienten los herederos de la España nacional de entonces, además, le
allanan el camino a los que solo pretenden venganza.

Muy probablemente el gobierno maniobrará principesca y renacentistamente cerca del Vaticano para lograr que trasladen al fray Cantera, prior de la abadía benedictina, y lel sustituyan por otro con las necesarias tragaderas