De
éxito diplomático español en Bruselas puede calificarse el haber
conseguido que la Unión Europea le otorgue a España capacidad de
veto en todo lo que atañe al futuro estatus de Gibraltar, y que todo
acuerdo sobre el Peñón en las conversaciones del Brexit debe pasar
por un intercambio bilateral entre España y el Reino Unido.
Tras
estos últimos acontecimientos, es evidente, que o se consigue la
cosoberanía ahora, o no se conseguirá nunca. De hecho, si tras la
desconexión, Theresa May, pretende lograr un acuerdo comercial con
la UE, se verá obligada a aceptar nuestra capacidad de veto.
A
toro pasado, resulta increíble la torpeza cometida por Cameron en su
día, emperrándose en hacer un referéndum sin que existiera la
suficiente presión popular para ello, perderlo, y que ahora los que
lo apoyaban desde posiciones nacionalistas inglesas se encuentren con
un problema territorial de gran magnitud en Escocia, Irlanda del
Norte y hasta Gibraltar, es alucinante.
Nuestro
Gobierno lo ha dicho “muy clarito”, si Gibraltar quiere seguir
manteniendo su actual estatus de paraíso fiscal, debe aceptar la
cosoberanía, y de ahí no debe moverse. Si las autoridades
gibraltareñas no lo aceptan, debemos tenerlo claro, se construye un
muro junto a la verja y se les deja morir por estrangulamiento
comercial, eso sí, compensando a todos los trabajadores españoles
que trabajan en el Peñón. Ese hipotético bloqueo, es evidente, que
no puede agravar la situación de desempleo brutal que sufre el Campo
de Gibraltar, una comarca en donde de inmediato se deberían hacer
inversiones que proporcionaran los puestos de trabajo necesarios para
compensar dicho bloqueo.
También
debemos ser conscientes, de que el Reino Unido podría utilizar a los
muchos trabajadores españoles que están allí para impedir nuestra
política de mano dura con respecto a Gibraltar, por ello, nuestro
Gobierno debe aplicarse en este asunto. No obstante, mantengo que
estamos ante una oportunidad histórica, eso sí, que debe ser
gestionada con mucho tino.
