Ahora está de moda, que
todos los partidos dispongan de un Código Ético, el problema reside en que es
mejor no tenerlo que disponer de él y a las primeras de cambio pasártelo por el
arco del triunfo.
El rotundo respaldo de
Pablo Iglesias a su imaginaria ministra de justicia, Victoria Rosell, a pesar
de que el juez que la ha sustituido en su juzgado de instrucción ha apreciado
que cometió delitos de cohecho y prevaricación, puede arrastrar a Podemos en su
conjunto al descrédito político.
Aquí ya no hablamos de
acusaciones aparecidas en cualquier medio de comunicación, aquí hablamos de un
informe razonado de un juez de instrucción en el que acusa a su antecesora de
diferentes delitos, informe que ha enviado al Tribunal Supremo.
Con este apoyo a Rosell,
Pablo Iglesias y Podemos, se están comportando de la misma manera que eso que
llaman ellos “castuza”, o traducido, podredumbre estructural, a la que parecen
haberse incorporado imitando sus vicios.
Al apoyar a Rosell, Podemos
mantiene entre ellos a una auténtica “caja de bombas”, caja que les puede
estallar en cualquier momento y producirles un destrozo enorme. No podemos
olvidar, que si cualquiera de nosotros somos acusados de cohecho y
prevaricación, es muy grave, pero si eso lo comete un juez en ejercicio, es mil
veces más grave.
Existen muchas
posibilidades de que, ya sea el Tribunal Supremo o el TSJC, la acuse, la juzgue
y posiblemente la condene, y si en ese momento sigue contando con el apoyo del
líder supremo de su partido, se puede ver un auténtico número.
Quien reclama privilegios
que no le corresponden, quien es experta en poner en serios compromisos a los
trabajadores de los aeropuertos, quien va de prepotente por la vida, y quien es
muy posible que haya cometido graves delitos de corrupción no puede representar
a los ciudadanos. Muchos, por mucho menos, han sido crucificados.
Parece que Podemos no pasa
ni la más nimia “prueba del algodón”.

Tic tac tic tac,