Los Carceller, dueños de la
cervecera Damm, cometieron una de las mayores evasiones fiscales de la historia
de nuestro país. La Fiscalía pedía para el padre 48 años de cárcel por trece
delitos contra la Hacienda pública y blanqueo de capitales, y para su hijo, 14
años de prisión por cuatro delitos fiscales y blanqueo de capitales.
En total, esa familia había
defraudado más de 100 millones de euros. Recordemos que a partir de 120.000
euros defraudados, la ley lo contempla como delito y está castigado con penas
de prisión.
Para estupor de todos los
españoles, la Fiscalía, el abogado del Estado y los acusados, han conformado un
acuerdo para que estos “grandes delincuentes” se libren de ir a la cárcel
pagando 92,37 millones de euros, aduciendo el peregrino argumento de que “han
reparado totalmente el daño causado y han asumido los hechos”.
Estamos ante un acuerdo,
vergonzante e hiriente, pues un gravísimo delito contra la Hacienda Pública se
salda con el pago de una cantidad mareante, pero que a la economía de esa
poderosa familia no le supondrá ningún quebranto económico.
Mientras que se persigue a
los pequeños contribuyentes, los poderosos siguen gozando de un trato muy
especial por parte de las instituciones. A eso le llamo yo, impunidad, a eso le
llamo yo CORRUPCIÓN con mayúsculas.
No ha mucho, hemos visto
como a jóvenes ya rehabilitados se les metía en la cárcel por pequeños delitos
cometidos hace años. Robar una bicicleta o hacer un pago de 200 euros con una
tarjeta de crédito robada, y muchos otros casos similares, con ellos la
Justicia no tuvo piedad, fue implacable.
Ahora vemos como a una
familia que posee una fortuna valorada en casi 4000 millones de euros,
propietarios aparte de la cervecera Damm, de la petrolera DISA, que suministra
gas, petróleo y gasolina a las Islas Canarias, que posee cerca de 600
gasolineras, que tienen importantes paquetes de acciones en todo el sector
energético, y que tienen participación en la mayoría de las grandes empresas de
este país, además de poseer grandes fincas en Andalucía y Extremadura, y
centros comerciales en Phoenix y Tucson (Arizona). Gozan de los favores de un
sistema corrupto.
¿Y después nos extrañamos
de que cada vez haya más elementos antisistema? Mientras más corrupción y más
injusticias, más habrán.
