El presidente andaluz en
funciones, el socialista Manuel Jiménez Barrios, en la rueda de prensa de ayer
posterior a la reunión del Consejo de Gobierno, confirmó la suspensión “temporal”
por parte de la Consejería de Fomento y Vivienda de las ayudas al alquiler para
familias desahuciadas o a punto de ser desalojadas de su vivienda y que se hallen
en situación de emergencia social.
La Junta de Andalucía,
justifica su decisión en base a no frustrar las expectativas de los
peticionarios de dichas ayudas, pues los fondos destinados, unos escasos 2,2
millones de euros, se han agotado.
La Junta en su día anunció
a bombo y platillo que ayudaría a los desahuciados y destinó una cantidad
ridícula para ello a sabiendas de que sería insuficiente, ahora, a muchas de
esas familias a las que se les prometió pagarles la renta durante tres años,
las ha dejado abandonadas a su suerte.
Es evidente, que para la
Junta es mucho más importante mantener sus pesebres llenos de pienso para los
suyos, para los que los mantienen en el poder legislatura tras legislatura, que
ayudar a los andaluces más desfavorecidos, y eso que se supone que Andalucía
está gobernada por gente de izquierdas.
Este es un caso especialmente
sangrante, pues cuando el asunto de los desahucios estaba en efervescencia y la
ciudadanía estaba más sensibilizada, la Junta de Andalucía anunció las ayudas,
algo que sin duda le dió votos, y ahora, una vez alcanzado de nuevo el poder autonómico
quedan desenmascarados. No es que no haya dinero, es que prefieren dedicarlo a
los suyos, algo lamentable, pues un buen gobernante debe moverse siempre por
prioridades, y que más prioridad que socorrer a las familias que lo han perdido
casi todo.
