El máximo representante del
Estado en Cataluña, Artur Mas, firmó anoche ante las cámaras de TV3, el decreto
de convocatoria de las elecciones autonómicas del 27-S.
Las fuerzas políticas
independentistas que integran una lista única pretenden darle a estos comicios
un sentido plebiscitario, insisten una y otra vez, en que si ganan las
elecciones por mayoría absoluta declararán unilateralmente la independencia, a
sabiendas de que “lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible”.
El actual desafío de las
autoridades catalanas al conjunto de los españoles, ha llegado a un límite al
que nunca debió llegar, y solo ha sido posible gracias a que la mediocridad y
la cobardía han predominado siempre en los sucesivos gobiernos centrales.
Ahora que se habla tanto de
reformar la Constitución, por qué no se habla como primera reforma la de,
imitando a países de nuestro entorno, ilegalizar a los partidos
independentistas, cuyo fin es el de destruir nuestra Nación, algo que por
ejemplo, en Francia no sería posible.
Distintos miembros del
gobierno de Mariano Rajoy siguen declarando, que el Gobierno de España dispone
de los instrumentos jurídicos necesarios para impedir lo que pretende perpetrar,
el sedicioso de Mas y sus cómplices,
olvidando que quien lleva años incumpliendo las sentencias judiciales que no le
gustan, esos instrumentos jurídicos de los que hablan se los pasaría por sus
bajos. Hasta el ciudadano “más cortito” sabe que contra esta panda de desleales
ya solo vale la determinación de una acción contundente que acabe de una vez
por todas con su locura.
Lo que sucede, es que la
mayoría de los ciudadanos españoles en el fondo albergamos la esperanza de que
sea el propio pueblo catalán el que reconduzca la situación votando
mayoritariamente contra los que pretenden poner en peligro su futuro. Es ahora
cuando los catalanes deben tirar de sus tradicionales virtudes para ejercer el
voto responsable y ellos mismos, de forma pacífica, expulsar de las
instituciones autonómicas y de la política, a esos corruptos que con sus
delirios pretenden fracturar su sociedad y arrebatarles el privilegio de seguir
siendo españoles y catalanes a la vez.
Sin ni siquiera tener que
recurrir a los sentimientos, solo aplicando el famoso dicho de “la pela es la
pela”, es evidente, que desde el estricto interés económico esa imaginaria
independencia sería una auténtica ruina. Dudo de que el inteligente pueblo
catalán siga apoyando a un Artur Mas que ha protagonizado una calamitosa
gestión, que ha empobrecido a Cataluña, que ha conseguido que miles de empresas
abandonen su comunidad, y que si no fuera por el rescate económico del gobierno
central habría llevado a Cataluña a la suspensión de pagos.
