La ONG independiente UN Watch, con sede en Ginebra, denunció que España y otros países occidentales apoyaron la inclusión de Irán en el Comité de Programa y Coordinación de la ONU, encargado de definir políticas sobre derechos de la mujer, derechos humanos y desarme.
Según UN Watch, democracias como España, Francia o Canadá deben explicar por qué contribuyen a que regímenes que violan los derechos humanos ocupen cargos clave en la ONU. Este escándalo es mayor al considerar que España ejerce la vicepresidencia del Consejo Económico y Social (ECOSOC), el órgano que propuso la candidatura iraní y cuya aprobación por la Asamblea General suele ser automática.
UN Watch recuerda que el régimen iraní discrimina gravemente a las mujeres, imponiendo el velo obligatorio y castigando su rechazo con prisión. Casos como el de Mahsa Amini, muerta tras ser arrestada en 2022, simbolizan esa brutalidad, y casi 40.000 manifestantes fueron asesinados por exigir libertades.
Pese a ello, el ECOSOC también ha elegido por aclamación a dictaduras como China, Cuba, Nicaragua y Arabia Saudí para supervisar el trabajo de las ONG en la ONU, relegando a los defensores de derechos humanos. Solo Estados Unidos se opuso. El director de UN Watch comparó esta situación con “poner a Al Capone a luchar contra el crimen”.
En conclusión, la decisión de estas democracias muestra con claridad cómo la ONU se está convirtiendo en un organismo dominado por dictaduras y agendas ideológicas que dañan la libertad y la democracia en el mundo. Ese globalismo que acaba de vencer también en Hungría, no solo tiene como objetivo acabar con la soberanía de las naciones, es que, además, pretende que desaparezca cualquier rastro de los valores que siempre atesoró Occidente.
¿ De qué nos vamos a sorprender a estas alturas de la vida?