Tras la victoria del PP en las últimas Elecciones Generales, muchos advertimos de que la izquierda podría caer en la tentación de intentar ganar en algaradas callejeras lo que no ganó democráticamente en las urnas. Pues bien, parece que lo que pensamos que podría ocurrir, está ocurriendo.

Da la impresión de que, por una parte, la izquierda apoya cualquier movilización, y por otra, se encarga de que se infiltren elementos violentos, que por supuesto nada tienen que ver con el colectivo que expresa su malestar. La deriva antidemocrática de la izquierda es muy preocupante y merecería una profunda reflexión, no solo de ellos, si no de toda nuestra sociedad, a fin de conocer las causas que la han llevado a protagonizar esas actitudes.

Resulta bochornoso observar como los partidos de izquierda a fecha de hoy aún no han condenado los ataques sufridos por las sedes del Partido Popular, también resultó bochornoso el espectáculo que nos ofreció el PSOE cuando mostró su apoyo a ese lider estudiantil valenciano, por llamarlo de alguna manera, que defendía el uso de la violencia atreviéndose a llevarlo ante los medios.

Si los que se concentran o se manifiestan gozan de los permisos oportunos, nada hay que objetar, pero si es un acto ilegal y/o violento, las fuerzas del orden deben actuar de forma contundente. El resto de ciudadanos tenemos derecho a discurrir por la vía pública sin el más mínimo riesgo para nuestra seguridad.

Yo iría mucho mas lejos, me atrevería a decir que los propios organizadores, en el caso de ver que su protesta adquiere un cariz violento provocado por elementos ajenos, deben de disolverse de inmediato, desvincularse de los actos vandálicos, e incluso, colaborar con las fuerzas de orden público a fin de facilitar la detención de esos fascistas.

Yo, que soy muy crítico con este gobierno y sus medidas, afirmo con rotundidad que la izquierda se equivoca. Al Partido Popular, la ciudadanía le ha dado su confianza mayoritariamente en las últimas elecciones, por ello, están plenamente legitimados para tomar las medidas que consideren oportunas. Lo que no puede ser es que mientras que los anteriores gobiernos socialistas nos arruinaban, los colectivos que ahora tanto protestan, callaban, y ahora por simple estrategia política se lanzan a la calle.

El PSOE e IU deben hacer oposición en el Parlamento, ese es el sitio. Alentar y apoyar a los que incendian las calles es una gran irresponsabilidad. En tiempos como los actuales no nos podemos permitir tener que hacer frente a los destrozos que causan radicales teledirigidos desde partidos políticos parlamentarios.

En democracia tenemos los medios legales para que los ciudadanos muestren su malestar pacíficamente, el que recurre a la ilegalidad debe ser castigado por ello. Espero que a nuestro gobierno no le tiemble de nuevo el pulso, espero que se olviden de sus complejos y sus miedos, y afronten la que tenemos encima con determinación. Podrán acertar o equivocarse pero que nadie pueda decir nunca que no lo intentaron. Seguro que peor que los anteriores no lo harán. Pueden ser malos, peores imposible.

Un comentario en «La violencia como arma política.»
  1. Te felicito por tu artículo. He de decirte que pertenezco al colectivo de profesores de enseñanza pública y me averguenzo de las cosas que pasan.
    Una cosa es defender la enseñanza pública pacíficamente y otra es emplear la violencia como estrategia política aprovechando situaciones para atacar al nuevo gobierno.
    Y lo malo que algunos jóvenes que salen a la calle..no saben ni lo que hacen, ni lo que defienden. Se dejan llevar.

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