Tras
la jornada de huelga general de ayer, hoy toca hacer balance de lo
ocurrido, el Gobierno, la oposición y las centrales sindicales
convocantes, están enzarzados en la guerra de cifras del día
después.
Aunque
UGT, CCOO y el PSOE nos digan que la huelga ha sido seguida de forma
masiva, debemos entender que lo dicen, sencillamente, porque no
pueden reconocer lo contrario. Ha sido evidente, que los ciudadanos
han secundado la convocatoria en menor proporción que en otras
ocasiones, y las causas son conocidas por todos. La mayoría de la
ciudadanía, percibe que los sindicatos defienden intereses distintos
a los que deberían defender y que son instrumentos al servicio del
partido político que los controla. Y por que no decirlo, también
perciben que tienen parte de culpa en la grave situación que
atraviesa nuestro país.
De
todas maneras, para mí, lo que tiene que ser analizado con
detenimiento de la jornada de ayer, es la actuación de los piquetes
sindicales, unos piquetes, que de nuevo, han campado a sus anchas por
nuestras calles, con demasiada impunidad.
Ayer,
muchos trabajadores que hubiesen deseado secundar la huelga, no lo
hicieron por miedo a sus patronos, en ello ha tenido mucho que ver la
precariedad laboral actual, es decir, muchos ciudadanos no han podido
decidir en libertad por miedo.
Pero
es que también, muchos trabajadores, autónomos y pequeños
empresarios, se han visto obligados a no trabajar por el terror
impuesto por los piquetes, en este caso, también muchos ciudadanos
no han podido decidir en libertad por miedo.
El
derecho a la huelga está recogido en nuestras leyes, algo muy
lógico, pero este derecho no puede de ninguna manera amparar y
proteger a los que desde presuntos “piquetes informativos”
cometen delitos.
Yo
lo tengo muy claro y espero que vosotros también, el que inutiliza
la cerradura de un comercio con silicona, es un fascista que comete
actos violentos; el que amparado en la masa insulta salvajemente a
una señora porque se niega a cerrar su negocio, es un fascista que
comete actos violentos; el que quema contenedores y forma barricadas,
es un fascista que comete actos violentos; el que rompe el cristal de
un escaparate o el que quema un vehículo, es un fascista que comete
actos violentos; el que agrede a un trabajador, es un fascista que
comete actos violentos.
Ni
los sindicatos han pedido perdón por estos hechos, ni nadie se lo ha
exigido. Las imagenes que demuestran estos hechos, casi todas se han
visto en canales de TV minoritarios, ni a la izquierda le interesa
que se sepa, ni al Gobierno que se conozca que una vez mas permitió
la impunidad de los de siempre.
Los
acomplejados que nos gobiernan, cada vez mas nos demuestran que están
convencidos de la superioridad moral de la izquierda y de que la
violencia que ejercen tiene un plus de legitimidad. Que pasaría si
en una manifestación de extrema derecha se produjesen estos hechos,
pues que la izquierda en bloque pediría que se castigara de forma
ejemplar a los responsables.
En
pos de la igualdad, debemos de exigir el mismo trato a los vándalos
de ambos lados, creo que es algo razonable.