Ayer, por fin, Mariano
Rajoy se atrevió a aparecer por Cataluña, pero no lo hizo para que de una vez
por todas, utilizando los mecanismos e instrumentos legales de que dispone en
su condición de presidente del Gobierno de España, acabar con Artur Mas y su banda
de sediciosos, no, lo hizo en clave partidista, una gran decepción.
Arropado por la plana mayor
del PP, por nada menos que cinco ministros, Rajoy acudió a Cataluña para
socorrer al PP catalán, un partido desmoralizado y en descomposición, que cae
en picado en las encuestas y que corre el riesgo de desaparecer a corto plazo,
pues sus militantes, simpatizantes y votantes se sienten traicionados por su
partido. Y esto sucede, mientras que muchos medios de comunicación se empeñan
en sacar a la lideresa popular de Cataluña constantemente, cuando en realidad
ya representa a muy pocos y en detrimento de partidos con muchos más apoyos,
por ejemplo, Ciudadanos.
Las palabras que dijo Rajoy
ayer no convencen a casi nadie. Si, queda muy bien decir que, la soberanía
nacional y la unidad territorial son sus líneas rojas, y que el futuro de
Cataluña lo decidirán la totalidad de los españoles. Así como, su
reivindicación de una Historia común de cinco siglos que convierte en
indisociables las identidades española y catalana.
Tampoco estuvo de mas, que
recordara el gran esfuerzo que está haciendo el Gobierno, y en definitiva,
todos los españoles, de haber insuflado a Cataluña 40.000 millones del FLA para
evitar la quiebra, aunque eso lo ha hecho Rajoy sin consultarnos a los españoles,
porque quizás, lo más lógico hubiese sido no ayudar a un gobierno, el de Mas,
que prefiere gastarse el dinero en gastos pro independencia antes que destinarlo
a pagar a sus funcionarios, a Sanidad o a Educación. De esa manera, los
catalanes se darían definitivamente cuenta de quienes son los que les gobiernan.
La manera de afrontar el
desafío catalán por parte de Rajoy ha supuesto un completo fracaso, la peor
manera de encarar los problemas es no afrontarlos.
