Mariano Rajoy lo apostó
todo a la carta económica, pese a heredar una España arruinada por el último
gobierno socialista encabezado por ese inútil de infausto recuerdo llamado
Zapatero, consiguió evitar el rescate, entrar en la dinámica de recuperación del
empleo y que las grandes empresas
volvieran a las ganancias. Y lo consiguió, con grandes recortes y políticas de
austeridad, que todos sufrimos.
Ahora que se han hecho
públicos los datos de déficit de 2015, vemos como en la gestión económica de
este Gobierno no es oro todo lo que reluce. Este Gobierno ha sido capaz de
encauzar el déficit en la Administración Central y en las corporaciones locales,
pero por el contrario, el déficit en las CCAA y de la Seguridad Social se ha
disparado. Solo Cataluña lo ha cuadruplicado.
Estamos ante uno de los
ejemplos más patentes del rotundo fracaso del Estado Autonómico, en el que el
Gobierno central es incapaz de obligar a las CCAA a cumplir en lo económico.
Como resultado, al imponernos la UE el déficit para toda España y nuestro
Gobierno repartirlo, las CCAA que cumplen resultan penalizadas al tener que
compensar las tropelías que hacen las CCAA que no lo hacen.
Parece que algunos son
tontos o se lo hacen, gastar más de lo que tienes es muy rentable
electoralmente y en eso estamos, ningún Gobierno Central se ha atrevido a
meterle mano al asunto, o a lo mejor es que no tiene instrumentos para ello,
algo que sería aún más preocupante.
En la situación económica
actual, la llegada al Gobierno del PSOE con Podemos, quien pretende unos
presupuestos expansivos, sería absolutamente suicida y nos llevaría a un
retroceso de magnitud impredecible.
