Desde hace tres años, el
independentismo catalán avisó de lo que pensaba llevar a cabo, desde entonces,
paso a paso está llevando a efecto esa amenaza. Mientras tanto, los que tenían
que impedirlo, los que, tenían y tienen, la obligación de cumplir y hacer
cumplir las leyes, es decir, Mariano Rajoy y su gobierno, han mostrado una
pasividad que les desacredita.
Hace tanto tiempo que el
estado de Derecho no está en vigor en Cataluña, que es hasta lógico que los
sediciosos contemplen la posibilidad de que Rajoy no será capaz de actuar, de
ahí las palabras desafiantes de Carmen Forcadell, presidenta del Parlamento
catalán.
Cuando lo lógico hubiese
sido, que el Gobierno de España hubiese cortado de raíz un delito anunciado, y
que la administración afectada hubiese recurrido al TC si esta consideraba que
lo hecho por el gobierno central no se ajustaba a derecho, Rajoy lo ha hecho
exactamente al revés, el delito se anuncia, espera a que se perpetre y entonces
recurre al TC para que ese tribunal haga lo que el no ha tenido bemoles de
hacer, patético.
Hoy se someterá a votación
en el Parlamento de Cataluña una resolución pactada por los independentistas
para poner en marcha de instituciones propias de un Estado independiente; el Gobierno
asegura que está preparado y que contempla todos los escenarios, que lo tiene
todo previsto. Debo ser muy desconfiado, pero con la forma de proceder de este
Gobierno, estoy instalado en el nerviosismo, dudo que el presidente pusilánime
que padecemos nos sorprenda gratamente.
Mientras tanto, los que han
hecho del robo el supremo acto patriótico catalán, los convergentes, siguen
inmersos en el esperpento de con que siglas presentarse a las generales, parece
que quieren llamarse de una manera que nadie les reconozca.
