En las elecciones
autonómicas catalanas de ayer, la CUP ha sido el partido que más ha crecido en
términos relativos, de tres a diez escaños, y la aritmética lo ha convertido en
la llave imprescindible del nuevo gobierno. Teniendo en cuenta que la CUP es
una organización de extrema izquierda, que defiende la violencia en la calle,
promueve el movimiento okupa, pide la salida de la UE y del euro, y anoche
mismo declaró que hay que romper de inmediato con la legalidad “española”,
podemos afirmar sin temor a equivocarnos, que hoy hay aún más inestabilidad e
incertidumbre que hace una semana.
Los que sostenían que lo de
ayer era un plebiscito, lo han perdido, ya que la mayoría de los catalanes le
han dado la espalda a los que propugnan la secesión, el 52% de los catalanes ha
dicho no a la independencia.
Si Junts pel Sí ya anunció
anoche que seguirá con el proceso hacia la independencia, sería lógico pensar
que, o pretenden gobernar en minoría o confían en llegar a un acuerdo con la
CUP, este segundo caso sería la muerte política de Artur Mas, pues la CUP ya ha
manifestado que con ellos, Mas nunca seria presidente.
Ciutadans muy bien, ya que
triplica sus escaños, el PSC mantiene el tipo, el PP se hunde, Podemos obtiene
un mal resultado, y UDC desaparece.
Vienen tiempos muy
difíciles, o el Gobierno de España hace, que de una vez por todas, impere el
estado de Derecho en Cataluña, o la que se avecina puede ser de locura.
Lo cierto es, que Cataluña se va a quedar de
nuevo huérfana de un gobierno que se preocupe de solucionar los muchos
problemas que tienen, pues lo único que les une a quienes pueden gobernarles es
el independentismo, en lo demás no coinciden en nada, y así es imposible
gobernar.
