Asisto
con absoluta perplejidad al espectáculo que están protagonizando
algunos políticos italianos, todos ellos pertenecientes a La Liga
del Norte y del Pueblo de la Libertad (PDL), el partido de
centro-derecha que lidera Berlusconi, pues se supone que en la vieja
Europa deberían prevalecer una serie de valores, entre ellos la
tolerancia.
Que
Italia tenga una ministra de raza negra ha sido demasiado para
algunos. Cecile Kyenge es desde el pasado mes de abril la titular de
Integración y Políticas Juveniles, desde entonces ha tenido que
soportar durísimos ataques racistas por su origen congoleño, el
propio vicepresidente del Senado, colega de Berlusconi, la ha
comparado por su aspecto con un orangután, mientras otros compañeros
de partido pedían directamente que fuera violada, para según ellos
“hacerla entender lo que puede sentir una mujer blanca violada por
un africano”, además de pintadas anónimas que le pedían que se
volviese a su país. Incluso, un consejero de la localidad de Trento
publicó en su Facebook, “Que se vuelva a la jungla”.
Frente
a todo esto, Cecile ha mantenido un temple encomiable, encara los
ataques predicando con el ejemplo y poniendo en práctica un difícil
ejercicio de integración y tolerancia. Ha declarado que, “Creo que
quien ocupa un cargo en una institución del Estado debe ser el
primero en hacer gala de un lenguaje y un comportamiento correctos, y
eso se aplica también a mí”, una mujer fuerte que no está
dispuesta a que las agresiones xenófobas le afecten.
Cecile
Kyenge nació en la República Democrática del Congo, pese a que su
padre era católico, al ser jefe de una importante tribu practicaba
la poligamia, tuvo cuatro esposas y 38 hijos, entre ellos Cecile.
Ella llegó a Italia en 1983 con la idea de estudiar Medicina,
entrando en el país de forma ilegal. Tuvo la gran suerte de tropezar
con un sacerdote húngaro que la alojó en un colegio de misioneras
laicas de Módena. Allí estudió italiano y preparó el examen de
ingreso en la Universidad.
Mientras
tanto se ganaba la vida trabajando como empleada doméstica y
cuidando niños, en negro al carecer de papeles. Logró sacarse el
título de licenciada en Medicina por la Universidad Católica del
Sagrado Corazón de Roma y posteriormente se especializó en
Oftalmología.
Al
carecer de la ciudadanía italiana, no podía ejercer como médico,
ello la llevó a entrar en política. Tras 15 años consiguió la
ciudadanía al casarse con un italiano con el que tiene dos hijas.
Esta
mujer, que debería ser para todos un ejemplo de superación
personal, por el simple hecho de tener un color de piel diferente, es
objeto de todo tipo de agresiones e insultos racistas, la derecha
italiana debería de hacer un profundo examen de conciencia.