Nos cuenten lo que nos cuenten, el gran problema actual de España, es sencillamente que nadie se fía de nosotros. Lo triste, es que si hacemos un chequeo objetivo de como nos organizamos y de como nos administramos, nos damos cuenta de que el mundo, las democracias occidentales, nuestros socios europeos, y los famosos “mercados”, tienen solidas razones para no fiarse.
Vivimos en un país donde la política, los partidos políticos, lo han invadido todo y todo lo controlan, reduciendo a la mínima expresión a la sociedad civil.
Vivimos en un país, donde cuando alguien llega al poder, lo primero que hace es colocar en la administración a sus familiares, amigos y compañeros de partido, así como, procurar que cuando acabe su mandato tenga solucionado su futuro económico.
Vivimos en un país, donde el gobierno central no tiene capacidad de imponer nada a las CCAA, por lo que en la situación actual estamos abocados a la intervención, ya que Rajoy llega a un acuerdo de déficit con la UE, y las CCAA, o dicen abiertamente que no lo van a cumplir, o callan, no lo cumplen y falsean sus cuentas. No somos serios.
El estado autonómico se ha convertido en una estructura inviable, tanto económica como políticamente, no nos podemos permitir una administración tan mastodóntica. Todos lo saben, pero el establishment político lo niega una y otra vez. Este estado de las autonomías es, hoy por hoy, peor que cualquier estado centralista de nuestro entorno, como, por ejemplo, Francia, y muchísimo mas caro. No soy antiautonomísta, pero hay que reconocer que esto se nos ha ido de las manos.
Vivimos en un país, donde la justicia no es independiente, estando sometida al poder político. Donde CCAA, como la catalana, se atreve a incumplir sistemáticamente las sentencias del Tribunal Supremo, y no ocurre absolutamente nada, nadie les obliga a cumplirlas.
Vivimos en un país que permite que en Cataluña no esté vigente la Constitución, pisoteándose a diario en ese territorio los derechos y las libertades individuales de los ciudadanos, sin que pase absolutamente nada.
Vivimos en un país, donde el bipartidismo se ha encargado de que esté vigente una Ley Electoral injusta que impide que lo que votan los ciudadanos se traslade de forma proporcional al parlamento, prostituyendo así el principal derecho democrático.
Vivimos en un país, donde las entidades bancarias estafan y abusan de los ciudadanos, y donde muchos de sus directivos delinquen y casi siempre “se van de rositas”.
Vivimos en un país, donde el despilfarro y el saqueo de las arcas públicas está institucionalizado.
Vivimos en un país, donde a la hora de hacer recortes, solo se le hacen a los ciudadanos, y por el contrario, a la clase política ni se la toca en sus privilegios.
Podría seguir, pero creo que es bastante, ante este panorama es lógico que nadie se fíe de España, me atrevería a decir que ya hay millones de españoles que tampoco se fían de su propio país, o mejor dicho, del sistema, así de duro.
Voy a decir una barbaridad, pero lo mismo, lo mejor sería que nos intervinieran, y que partiendo de cero, configuráramos una democracia, un país, razonable y justo. Lo mismo, esa sería la única manera de librarnos de los partidos y de los dirigentes que actualmente componen “el chiringuito”.
Muy buen análisis, Alejandro. Como todos los tuyos. Resulta alentador ver por escrito reflexiones que muchos nos hacemos.
Si, ciertamente, muchos de nosotros sentimos y pensamos esto mismo. Hay muchas herramientas del poder que no se les ocurre tocar. Es posible que si desaparecieran las todas las televisiones públicas, no serían necesarios muchos de los recortes. Eso si, piden recortes para la Iglesia que no recibe dinero de los presupuestos generales del estado, sino de la voluntad de los católicos que marcamos la casilla en nuestros impuestos, pero de las televisiones y de otras muchas cosas, ni se habla.
Y si, yo también tengo la convicción cada día más profunda de que hay que deshacerse de las ideologías, son un veneno contraproducente que sobre todo esclaviza al ser humano convirtiéndolo en ciudadano, de muchas formas, por ejemplo haciéndole creer que el adversario tiene la culpa de todo. …… y de tantas formas más.
….. y es que después de todo, la única relación posible y generadora de progreso es que nos relacionemos de SER HUMANO a SER HUMANO, porque es lo que somos.