Hay quienes entran en política para hacerse profesionales de ella, vivir bien durante muchos años y garantizarse unos buenos ahorros cuando llegue su jubilación, además de asegurarse la pensión máxima, estos, difícilmente miran por el bien común, pues miran muy mucho llevarse bien con la cúpula que dirige su partido en cada momento y observan una disciplina de voto muy escrupulosa. No cometen ningún delito, pero su objetivo vital es bastante reprochable, se les puede considerar unos parásitos.
Luego, hay otro grupo que están en política no demasiado tiempo y la utilizan para garantizarse un futuro profesional confortable en la empresa privada y lo consiguen, utilizando su cargo para hacer favores a ciertas empresas, que estas ganen mucho dinero y a cambio, cuando dejan el cargo y la política, les espera su ansiado sillón.
También están los que llegan a la política para enriquecerse, los típicos saqueadores de los que tenemos noticias en demasiadas ocasiones. Y alguien dirá ¿no hay entonces nadie que entre en política solo para servir a los ciudadanos, estar unos años y después retornar a su vida profesional? Evidentemente, algunos habrá, pero tenemos que entender que para ser absolutamente honrados deberían denunciar todo lo que ven que hacen otros y eso nunca se produce. Tan delincuente es el que delinque, como el que sabe que un compañero está delinquiendo y no lo denuncia.
El panorama es muy oscuro y esta, desgraciadamente, es la escuela que ha creado el bipartidismo, PSOE-PP, desde no mucho después de la Transición, lo llevan en sus genes y por eso, ninguno de los dos, van a solucionarlo nunca.
Y digo todo esto, porque acaba de saltar a los medios el caso del ex número dos de la Consejería de Salud andaluza, Miguel Ángel Guzmán (PP) por contratos a dedo a la aseguradora privada Asisa y que la misma piensa ficharlo en cuanto venza el plazo y no entre en incompatibilidad.
Otorgó a su ya actual empresa contratos de 43,6 millones de euros como gerente del Servicio Andaluz de Salud (SAS). Las adjudicaciones a dedo se hicieron a través del grupo hospitalario HLA, que reúne los centros clínicos de Asisa desde 2016. Guzmán ha declarado que su fichaje no vulnera la Ley de Incompatibilidades de altos cargos, lo desconozco, pero estamos ante un “caso de libro” del segundo grupo de políticos que describí al principio del artículo. No sé si será delito, pero lo que sí que es, es reprobable.
Juanma Moreno y su consejera, han dicho que “obrarán en consecuencia” si se demuestra finalmente una mala actuación y que el protagonista de la noticia no les preguntó si podía fichar por la empresa privada a la que más benefició durante el tiempo que ejerció el cargo. Después, han afirmado que en pocas semanas su incorporación ya no incurriría en incompatibilidad. Vamos, de escándalo y de auténtica pena.
Desgraciadamente, existen dos realidades distintas y hasta paralelas, la de los ciudadanos, esos que tienen que echarle mucha imaginación y esfuerzo para ganarse la vida, para que luego los acribillen a impuestos, y el de los políticos de los partidos del “establishment”, que tienen colonizado todo y viven del esfuerzo de los ciudadanos aportando francamente poco para mejorar el bienestar de quienes los mantienen.