Pese
a que la mayoría de los medios en su frenesí anticlerical nos
habían convencido de que el padre Román, era culpable, ayer, la
Audiencia de Granada lo absolvió.
El
párroco ha quedado absuelto, que no exculpado, del delito a que se
enfrentaba: abuso con el agravante de acceso carnal a un menor.
Conviene aclarar, que el tribunal solo ha dirimido si hubo
penetraciones, pues parecen demostradas que sí que practicó otro
tipo de prácticas sexuales que ya habrían prescrito.
Para
el tribunal, ha habido una total y absoluta falta de pruebas, y un
relato inconsistente debido a aspectos absolutamente inverosímiles
en las distintas versiones dadas por el joven denunciante, quien
conforme avanzaba la causa fue añadiendo aspectos más graves a su
testimonio, y me refiero a esas penetraciones que ahora el tribunal
considera, en absoluto demostradas.
Ahora
debe comenzar el proceso canónico, un proceso que seguirá otros
cauces al regirse por normas distintas, en él la Iglesia tiene la
oportunidad de ser ejemplar, pues ahí no debe haber prescripciones
que valgan, debe proteger a las víctimas y buscar la verdad.
Pese
a que queda demostrado, que pese a esta exculpación, el padre Román
es culpable y la Iglesia así debe corroborarlo, este caso ha servido
para que nos demos cuenta de la virulencia del activismo anticlerical
en nuestro país. Cualquier caso es una oportunidad para ellos, para
intentar hacer todo el daño posible a la Iglesia intentando
generalizar y mostrar a los sacerdotes como depravados en su mayoría.
No
estoy en absoluto de acuerdo, la Iglesia está integrada por
personas, y lo mismo que en nuestra sociedad, las hay buenas y malas,
en la Iglesia ocurre igual, aunque estoy seguro de que el porcentaje
de los que llevan toda su vida comprometidos con hacer el bien,
supera ampliamente al de los ciudadanos de a pie, y por supuesto al
de esos activistas anticlericales que la quieren destruir.
La
Iglesia Católica es, aparte de los actos propiamente religiosos, la
más importante con diferencia, estructura de ayuda y asistencia a
los más desfavorecidos, pues si cuantificamos el trabajo de sus
voluntarios, sus infraestructuras y la asistencia que ofrecen, es
evidente que es la gran ONG de nuestro país, la que da mucho más a
nuestra sociedad, mucho más por supuesto, que los ministerios y
consejerías autonómicas competentes.
