Cuando en la campaña
electoral de unas elecciones autonómicas, y me refiero a la del País Vasco, se
acepta el término “provocación” para definir que el tercer partido político de
España convoque y realice un mitin político, es que algo muy grave sigue
pasando en esa tierra española, y por supuesto, que la democracia brilla por su
ausencia.
Si hace años, era el Partido
Popular de María San Gil y demás valientes, los que se enfrentaban a diario a
los separatistas, ahora, tras la asimilación y domesticación del casi
“inexistente” PP vasco por el nacionalismo, el partido de Casado le es tan
indiferente al régimen peneuvista, que se les permite hacer sus escasos y
minoritarios mítines con absoluta
tranquilidad, y ocurre esto, simplemente, porque la vanguardia española, esa
que defiende el constitucionalismo y la libertad en esa comunidad, ha cambiado
de protagonista.
Ahora, el objetivo a batir
por esos llamados colectivos antifascistas vascos que se denomina Sare
Antifaxista, amalgama de separatistas, comunistas y proetarras, es claramente
Vox. La Consejería de Interior del Gobierno Vasco, tiene muy clara cual es su
estrategia, envía a un número insuficiente de ertzainas, quienes a duras penas
contienen a los violentos, y de esa manera, los asistentes a los actos de Vox
son objeto de hostigamiento e intimidación, y a los intervinientes se les
intenta silenciar con caceroladas o provocando otro tipo de ruido. Cada mitin
de Vox se salda con numerosos ertzainas heridos en la batalla campal que se
produce en el entorno del acto en sus enfrentamientos con los grupos
totalitarios a los que últimamente se han sumado numerosos jóvenes magrebíes.
Desde el PNV hasta EH Bildu,
parecen estar de acuerdo en sustituir a los 200.000 vascos españoles
«expulsados» del País Vasco por ETA en su día, por miles de islamistas que engrosarían su “ejército callejero paralelo”.
