Resulta
curioso observar, como la única preocupación de los partidos cuando
concurren a unas elecciones es, y ahora en las catalanas se está
corroborando, cuantos escaños van a conseguir. Por ello están todos
tan atentos a los sondeos previos. Mas escaños significa siempre más
poder y mas financiación pública.
Ningún
partido se plantea si los elegidos van a representar con dignidad el
cargo público que van a ocupar. La prioridad de los partidos debería
de ser, tener garantías de que los elegidos van a ser hombres y
mujeres íntegros e insobornables. Pero claro, como van a preocuparse
de eso si las propias estructuras de los partidos están cimentadas
en la financiación irregular y en la corrupción.
A
los partidos, lo único que les preocupa, es que los elegidos sigan a
pies juntillas sus indicaciones, cumplan con la ferrea disciplina de
partido que imponen, y si es preciso, que traicionen sus principios
en pos del interés del partido.
Parece
que nuestra sociedad se ha olvidado que los partidos son meros
instrumentos al servicio de la sociedad, que los importantes son los
ciudadanos y no ellos. Parece que todos olvidan, que todos los cargos
públicos son empleados de un patrón llamado “ciudadanía”, y
que somos nosotros, los ciudadanos, los que les pagamos sus
suculentos sueldos con nuestros impuestos.
Decididamente
lo han olvidado, muchos de ellos llevan tanto tiempo en cargos de
responsabilidad, que se han olvidado de la realidad social y de las
pretensiones de los ciudadanos a los que se suponen representan. Los
que se han consagrado con el tiempo en la casta de los políticos
profesionales, han olvidado cual es su misión y ya solo se dedican a
perpetuarse en el status conseguido, a conservar sus privilegios.
Pero
también es muy triste, corroborar a diario, que los ciudadanos ya
ven las tropelías de los políticos con una absoluta resignación,
como algo normal, y que se consideran incapaces de tomar medidas de
fuerza dirigidas a recordar a los políticos quien tiene la sartén
por el mango en una democracia.
Nos
creíamos que vivíamos en una democracia, luego nos dimos cuenta que
en lo que vivíamos era en una partitocracia, y eso nos entristeció,
al final nos hemos dado cuenta que vivimos en una cleptocracia, y
entre la acción o la resiganción la mayoría ha optado por lo
segundo. Con esa actitud nunca saldremos de este pozo en el que nos
han metido los políticos, y sus socios, los banqueros.
Que
conste que no estoy llamando a la revolución, ya que soy de esos que
respeto y cumplo las leyes aunque sean injustas, soy de los que
quiere regenerar nuestra democracia desde dentro, pero lo que si
hecho de menos es una ciudadanía que con determinación y
convencimiento se proponga limpiar el sistema.
¿Y
esto como se puede hacer? Pues sencillamente, dejando de votar a los
partidos antiguos, a los partidos de siempre, a los que se han
cargado el sistema, y optar por los proyectos nuevos que aspiran a la
regeneración democrática. Es la única solución. A los que han
incendiado el bosque no les podemos encargar que lo apaguen.
Por
el contrario, muchos ciudadanos insisten una y otra vez, se siguen
creyendo eso de la izquierda y de la derecha, pasan de votar al malo
para votar al peor, insisten en votar a los que ya les han defraudado
en mas de una vez. Yo personalmente, no lo entiendo.