El compromiso que adquirió
Alfredo Pérez Rubalcaba de que el Grupo Socialista del Congreso pediría en
septiembre la creación de una ponencia para reformar la Constitución, no va a
ser respetado por su sucesor.
Pese a que su partido
dispone de muchos más de los 70 diputados que exige el reglamento del Congreso
para conseguirlo, Pedro Sánchez sabe que el PSOE tiene en la actualidad mucho
que perder y poco que ganar en el debate de la “reforma federal” de la
Constitución.
Es evidente que el Partido
Popular, y así lo ha manifestado, no considera el actual momento el adecuado
para abordar cualquier reforma constitucional por la falta de consenso. Por
ello, el PSOE se tendría que alinear con los nacionalistas y con la izquierda
radical, algo que significaría alejarse aún más de ese centro en el que según
los sociólogos, están situados la mayoría de los ciudadanos aunque no lo sepan.
La tensión territorial que
podría surgir de la ponencia y las contradicciones del PSC, obligarían al PSOE
a hacer demasiado equilibrismo que ni siquiera entenderían la mayoría de sus
votantes, y sin olvidar que todo sucedería en vísperas de la amenaza del
referendum del 9-N en Cataluña.
Cuando un partido como el
PSOE, apostó por el federalismo sin creer en él, y solo para no perder al PSC,
ahora obliga a su nuevo líder a cambiar de postura sin hacer mucho ruido para
no molestar a unos y para no perder los votos de otros.
Mientras tanto, el nuevo
líder del PSC, Miquel Iceta, hace todo lo contrario en el Parlamento de
Cataluña, solicitar la creación de una comisión que inicie los trabajos de
reforma constitucional. Hace mucho tiempo que el PSOE debió ser valiente y
estar presente en Cataluña con sus siglas, es evidente que les ha faltado
coraje y les ha sobrado miedo.
