Tengo
que reconocer, que estoy muy sorprendido por el desenlace del
referendum en Grecia. Esa amplia victoria del no, ese apoyo
mayoritario a los postulados de Tsipras, me cuesta trabajo digerirlo.
Muchos
griegos se echaron a las calles para festejar el resultado
entendiendo que habían ganado. Aquí la gran pregunta es si los
griegos conocen en realidad a donde podría conducirles esa supuesta
victoria.
Ahora,
un Tsipras que ha demostrado tener el apoyo mayoritario de su pueblo,
ha conseguido que la patata caliente esté en manos de la Unión
Europea, la que tiene un duro dilema: o cede ante las presiones de
Grecia y busca un acuerdo rápido, o se mantiene en una posición de
firmeza sin hacer concesiones, lo que llevaría a Grecia a salir del
euro. Si el Banco Central Europeo no le inyecta ya liquidez a los
bancos griegos, estos no podrán abrir sus puertas.
Teniendo
en cuenta, que muchos países europeos nos hemos apretado el cinturón
haciendo duros recortes y nos hemos sacrificado para salir de la
situación en la que nos encontrábamos, creo que ha llegado la hora
de que a los europeos se nos pregunte si queremos que con nuestro
dinero se siga apoyando a un país que no ha hecho los deberes y que
se niega a hacerlos.
Grecia
lleva 35 años viviendo a costa del resto de países de la UE, por
cada euro con el que contribuía recibía cuatro, no olvidemos que
nos encontramos con un país, que por ejemplo, pese a no ser
sostenible su sistema de pensiones, se niega a alargar la edad de
jubilación, que ahora está en 52 años de media, algo inaceptable y
un agravio para el resto de europeos.
Es
evidente que Tsipras no quiere sacar a Grecia del euro, pues sabe que
ello sería un desastre, pero tampoco acepta las condiciones para
seguir perteneciendo. No obstante, si él y Varufakis, continúan
llamando terrorista al Eurogrupo, lo normal sería que la cuerda de
la negociación se rompa y este se niegue a realizar la inyección
masiva de fondos que necesita Grecia, algo que sin insultos y la
aceptación de un ajuste razonable aún sería posible.

Los próximos somos nosotros, los españoles. D. Alejandro,ya no me asombra nada, de lo que pueda pasar…