El IX Informe FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo Social en España, presentado este miércoles por Natalia Peiró, secretaria general de Cáritas Española, es demoledor y pide identificar las palancas necesarias para una transformación que sitúe la justicia social y el bien común en el centro de nuestro proyecto colectivo.
He tratado de resumir en este corto artículo las conclusiones de un informe que deja claro hacia donde nos conducen las equivocadas políticas socialistas y la inacción, y hasta seguidismo de los gobiernos del PP, incluso cuando gobiernan con mayoría absoluta, como pasó con el nefasto Mariano Rajoy
La clase media se contrae desplazando a muchas familias hacia estratos inferiores. El PSOE ha llevado a España a contar con una de las tasas de desigualdad más altas de Europa. La integración social se erosiona y la exclusión grave permanece muy por encima de los niveles de 2007. En 2024, la exclusión severa se situaba un 52% por encima de 2007, lo que arroja un saldo de 4,3 millones de personas afectadas.
Nos dice que los principales motores de la exclusión social en España son la vivienda y el empleo, ya que la vivienda es hoy el factor que está activamente reconfigurando nuestra estructura social, expulsando a uno de cuatro hogares de una vida digna y triturando el difícil equilibrio de las clases medias. El 45% de la población que vive en régimen de alquiler se encuentra en riesgo de pobreza y exclusión social, la cifra más alta de la UE. El alquiler se ha convertido en una trampa de pobreza.
Aunque el empleo mejora macroeconómicamente hablando, ha perdido gran parte de su capacidad protectora e integradora. La precariedad laboral se ha convertido en la nueva normalidad, afectando a casi la mitad (47,5%) de la población activa. Se trata de 11,5 millones de personas atrapadas en diversas formas de inseguridad laboral. De hecho, más de un tercio de la población excluida moderada o severa, trabaja, algo escandaloso.
Nos dice este informe que, si una persona no consigue completar estudios superiores a la ESO, su riesgo de caer en exclusión severa se multiplica por 2,7. Y que los hijos de personas con bajo nivel educativo tienen más del doble de probabilidades de caer en situaciones de pobreza que los de progenitores altamente formados.
Es curioso, pero la desigualdad también se mide en años de vida. Además del deterioro de la salud asociado a la malnutrición, el informe detecta cómo las listas de espera y la dificultad para conseguir cita están minando el acceso a la sanidad.
El 6% de las familias más vulnerables que tenían una enfermedad grave no recibió atención médica el año pasado. El doble que en el conjunto de la sociedad. Los diagnósticos de depresión, ansiedad o trastorno adaptativo alcanzan al 6% de la sociedad, pero superan el 12% entre quienes viven en exclusión severa. El informe pone sobre la mesa que cuando el sistema público se atasca, y retrasa la detección precoz de enfermedades, o no cubre completamente puntos fundamentales como la salud mental, la única alternativa es el pago, convirtiendo un derecho fundamental en un privilegio.
El nivel de aislamiento de las personas en exclusión severa se ha quintuplicado, pasando del 3,2% en 2018 al 16,6% en 2024.
El primer grupo que sufre especialmente esta fractura social son las mujeres, ya que la precariedad laboral y la brecha salarial fuera de casa, sumado al trabajo de cuidados familiar, las hace especialmente vulnerables y les impide mejorar.
Los grandes perdedores del modelo socioeconómico actual son los jóvenes y los niños. Un tercio de toda la exclusión severa en España corresponde a menores de edad, cuya tasa de pobreza se sitúa en el 29%, la más alta de todos los grupos de edad y de las mayores de Europa. A ellos se suma buena parte de la juventud que vive una situación de bloqueo vital: 2,5 millones de jóvenes están atrapados en una precariedad estructural, enfrentando tasas de temporalidad, parcialidad involuntaria y salarios bajos que duplican la media española. La juventud, que accede a su primer empleo en peores condiciones y con salarios entre un 15% y un 30% inferiores a las generaciones anteriores.
Todos estos problemas son síntomas de un modelo de sociedad que genera estructuralmente desigualdad, precariedad y fractura. El resultado humano de este modelo socioeconómico son vidas precarizadas y bloqueadas: jóvenes sin poder emanciparse y familias angustiadas por la vivienda y el empleo precario.
Quienes nos mal gobiernan se han cargado el llamado “Estado del Bienestar” y mucho me temo que el bipartidismo no nos lo devolverá jamás.
Me fío de esta fuente de sabiduría, objetiva y fiable