Contra lo que se pudiera pensar, el infame de Sánchez está encantado de que solo se hable del posible regreso del líder golpista, pues el sainete que está protagonizando ha conseguido que casi no se hable de la corrupción de su famiglia y lo más importante, de las cesiones que ha hecho a los independentistas para que Salvador Illa llegue a la presidencia de la Generalidad catalana, unas cesiones que son la más brutal “puñalada trapera” que un presidente le asesta al pueblo español desde que se recuerda.
A Puigdemont ya solo le queda una bala en la recámara, la de irrumpir en la Sesión de Investidura y conseguir abortarla, porque desde el punto de vista independentista tendría argumentos suficientes para remover las conciencias de esos que otrora fueron sus cómplices.
Pero para que eso ocurra, los Mossos tendrían que incumplir la ley y facilitarle la entrada, algo de lo que no tengo la menor duda, así como, que el presidente del Parlamento catalán trate de impedir que entren a detenerlo a posteriori, incluso ya ha manifestado ese vil sujeto que le daría cobijo en su despacho.
Ocurrirá lo que tenga que ocurrir, pero lo más importante, es que las cesiones de Sánchez a Cataluña no lleguen a hacerse realidad, porque eso significaría, que las CCAA más pobres, casi todas, teniendo en cuenta de que solo Madrid, Cataluña e Islas Baleares, aportaban al Fondo de Compensación Interterritorial, lo van a tener muy crudo, pues o les suben los impuestos a sus ciudadanos o simplemente, bajan los presupuestos para los servicios públicos más importantes, Sanidad o Educación, es decir, aún peor Sanidad y aún peor Educación, no hay otra.
Pase lo que pase mañana en Barcelona, lo realmente importante es lo que se vote en nuestro Parlamento para ratificar y hacer realidad la afrenta a los españoles de las regiones más leales.
Veremos que les indican a sus diputados esos barones regionales socialistas que graznan tanto contra Sánchez, pero que siempre, al final, ven como sus compañeros siempre votan lo que el dictadorzuelo les indica.