Desde la Transición, siempre se afirmó desde la derecha, que tanto UGT como CCOO eran las correas de trasmisión de los partidos socialista y comunista. Ahora podemos afirmar, que eso era cierto y que nunca se ha visto tan claro como ahora, aunque en el PP no se atreven a decirlo desde hace mucho tiempo.
En la manifestación del 1 de mayo convocada en Madrid por UGT y CCOO, sus líderes, José María Álvarez y Unai Sordo, han arremetido abiertamente contra la independencia judicial, negándola en sus discursos y afirmando que lo democrático es que los jueces estén sometidos al poder político.
En su discurso, el dirigente de UGT ha afirmado que «los jueces no eligen a los jueces». Álvarez ha afirmado que «el Poder Judicial es uno de los poderes del Estado, que tiene que estar sometido a la democracia, que tiene que estar sometido a la soberanía popular que reside en las Cortes Generales en nuestro país». Y el dirigente de CCOO ha calificado de «bobada» que los jueces elijan a los jueces afirmando que «eso no es despolitizar la Justicia, es desdemocratizar el Poder Judicial». Unai Sordo, además, ha pedido al gobierno y a «la mayoría parlamentaria» que «tire para delante con la renovación del Poder Judicial», evidentemente, cambiando las reglas del juego a mitad de partido y contraviniendo lo que dicta en este campo la UE.
Si quedaban dudas de lo que socialistas y comunistas pretenden hacer con la democracia en España, sus sindicatos subvencionados lo han dicho claramente, pretenden que nuestra Nación se convierta en una de esas democracias fallidas hispanoamericanas gracias a la injerencia del Grupo de Puebla, capos del narcosocialismo, ese del que Zapatero es insigne miembro.
Tras el victimismo de Sánchez, toca la operación de asalto a la democracia y para ello, tiene que acabar con la oposición política democrática, lo que le queda a nuestra Justicia de independiente y con los medios de comunicación que defienden la democracia y son claramente contrarios a sus perversas ideas.
El sentido común y la ayuda europea se tienen que imponer, pues aquí, en Europa, no cabe una mamocracia de Latino-América