Tras el anuncio de Pedro Sánchez de regularización masiva de inmigrantes ilegales, con la ambigüedad de tener antecedentes “poco relevantes”, se han disparado las denuncias de extravíos de pasaportes, una estrategia diseñada para dificultar la identificación y el tiempo de estancia en España de quien pretende ser regularizado cumpliendo las normas establecidas.
Las distintas comisarías de los Mossos han reconocido este aumento protagonizado principalmente por magrebíes y asiáticos producido en pocos días. A la vez que los distintos consulados expedían miles de certificados, ciudadanos de origen pakistaní, indio, bangladesí, marroquí o argelino, todos ellos muy bien aconsejados, aseguraban ante los Mossos la pérdida de su documentación mediante la correspondiente denuncia.
Denunciando el extravío y obteniendo un nuevo pasaporte, los irregulares afectados evitan que se pueda verificar su tiempo real de estancia en España, condición esencial para acogerse al proceso de regularización, declarando que llevan más de ocho meses en el país, aunque lleven menos tiempo y así ya cumplen el requisito que exige la normativa pactada entre PSOE y Podemos.
Hay que tener en cuenta que la denuncia por la desaparición del pasaporte dificulta la identificación completa de la persona y la comprobación de antecedentes administrativos previos, por ello, podría servir para facilitar los trámites de regularización, ya sea falseando el tiempo de estancia o eliminando detenciones e identificaciones policiales que aún no tienen sentencia firme.
No sería de extrañar que colectivos afines a los partidos que componen nuestro maldito Gobierno hayan ayudado a crear redes informales de intermediarios o gestores irregulares que recomiendan declarar la pérdida del pasaporte como estrategia para agilizar estos trámites.
Sánchez les pone alfombra roja con requisitos mínimos y los que no cumplen esa ridiculez de requisitos son aconsejados para hacer trampa y conseguir entrar en la suicida regularización. A estas alturas de la película ya solo se le puede poner un nombre a este fenómeno, llamémosle “invasión” sin ambages. Tipos procedentes de culturas incompatibles con la nuestra, casi todos varones en edad militar llegan con la misión de sustituirnos, así de simple.
Pronto, más pronto de lo que pensamos y si el PSOE y el PP siguen decidiendo cual será nuestro futuro, para gobernar no habrá que contar con el apoyo de los separatistas, habrá que hacerlo con el apoyo de ese partido islamista que pronto se formará. Ceder ante ellos significará nuestro final como civilización, eso sí, en diferido. Y mi pregunta ¿el grueso del rebaño seguirá sin darse cuenta?
Seguimos sin darnos cuenta